Capítulo 56

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Edurne: Enrique, ¿qué pasa?
Enrique: Eso quisiera entender, qué pasa con Anahí. Está actuando muy rara, Edurne. Nunca se había comportado así. Parece una niña malcriada.
Edurne: Mi amor, está embarazada. Debemos tenerle paciencia.
Enrique: No es por eso. No es cosa de hormonas. A mi hija le pasa algo y no nos lo quiere decir...
Edurne: ¿Por qué lo dices?
Enrique: Ahora resulta que no quiere dar la cara con Poncho y la maestra, para no exponer a esa familia. ¿Me dices cómo va a solucionar esto?
Edurne: Voy a hablar con ella. Acuéstate, por favor. Ahora vengo.

Any seguía llorando cuando su madre llegó a su cuarto. Edurne abrió la puerta con cuidado, sin llamar antes, y escuchó los sollozos de Any.

Edurne –sentándose al lado de su hija-: Hija, ¿qué tienes? ¿Por qué lloras de esa manera?
Any: Es que no puedo más, mamá. No puedo más con todo esto –sin darse la vuelta-. Estoy cansada. Lo único que quiero es proteger a Silvia y cuidarla. Mamá, quiero a esa niña como si fuera mi propia hija, y ahora parece que al protegerla y defenderla estoy cometiendo un delito.
Edurne: Mi amor, por supuesto que no estás cometiendo un delito.
Any: ¿Y mi papá? Mamá, sólo defiende a Poncho. Lleva tres días trabajando con él y parece que le debe la vida. ¿Y yo, mamá? ¿Dónde estoy yo para mi papá? ¿Por qué no me apoya como antes?
Edurne: Tesoro, claro que tu papá te apoya. ¿Crees que alguna vez va a dejar de apoyarte en algo? ¿Sabes la cantidad de veces que discutí con tu papá por eso mismo durante toda la vida? Siempre fuiste su ojito derecho, mi amor.
Any: Pero ahora es cuando más lo necesito y siento que no lo tengo a mi lado –se incorporó para hablar mejor con su madre-.
Edurne: Any, tu padre te está apoyando con todo esto, de verdad; solo que a su manera, no a la tuya. Él también está muy preocupado y muy confundido con todo lo que está pasando. Tampoco sabe cómo hablar contigo porque se siente acusado por todo lo que hace; siente que todo te molesta y no sabe cómo dirigirse a ti en este momento.
Any: Es que me molesta, mamá. Me molesta que yo le esté contando todo y él esté haciendo lo que quiera. ¿Y lo de ahorita, mamá? Nunca se metió en mi vida y ahora es lo único que hace. Me acaba de decir lo que tengo que hacer, como si fuera una niña.
Edurne: Lo único que quiere es que hagas bien las cosas, mi amor; y que no te metas en líos... Dime una cosa, ¿por qué no quieres ir mañana a la reunión con Poncho y la maestra de Silvia?
Any: Porque no quiero que Julián vuelva a buscar a Poncho y esta vez sí le haga algo. Porque si fue a decirle que me espía el celular, seguro que a él también lo está espiando. Seguro que hasta nos estás persiguiendo a los dos para que no nos encontremos.
Edurne: ¿Por qué no se lo dijiste a tu papá?
Any: Porque no, mamá. Porque va a defender a Poncho y porque aparte, no puedo hablar con él. Todo lo hago mal ante sus ojos.
Edurne –la abraza-: Tranquila, mi amor. Vas a ver cómo todo esto se va a solucionar, ¿sí?
Any: ¿Pero cuándo, mamá? ¿Qué fue lo que hice mal en la vida para no poder ser feliz? Lo único que quiero es estar tranquila, y poder estar con Poncho. Lo necesito mucho, mami. Necesito poder abrazarlo, sentirlo, escucharlo. Necesito poder mirarlo a los ojos cada día.
Edurne: Lo sé hija, pero ten paciencia, cariño. Vas a ver que después de todo esto, van a estar juntos muy pronto. Y además, no habrá quien pueda separarlos. Ahora trata de descansar, mañana tenemos que ir a la matrona. Ya verás cómo nos da buenas noticias y vas a tener algo de luz. Descansa, mi amor.

A Any le resultó irónico que las palabras que ella le había dicho a Silvia, ahora se las estuviera diciendo su madre, pero lo agradeció. Agradeció mucho volver a tener a su madre de esa manera. Y sabía que gran parte de eso se lo debía a Silvia y por supuesto, a Poncho.

Cuando Edurne llegó a su dormitorio, habló con Enrique del por qué su hija no quería ir a la reunión del colegio.

Poncho se quedó hasta muy tarde con Adrián y Carlos, aunque su primera intención era cenar y marcharse para poder hablar con Silvia por lo ocurrido en la escuela, ya que con Any no podía hablar. Pero el tiempo se le pasó volando entre conversaciones de todo tipo con sus amigos y, al fin y al cabo, la ocasión lo merecía... Hacía mucho tiempo que no cenaba con sus amigos y qué mejor acontecimiento para celebrar, que su casa nueva, ya que sabía lo que ambos deseaban estar ahí.

Pasión y Amor van UnidosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora