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Bueno, ya regresé JAJAJAJAJAJA. Gracias a todos por esperar este capítulo. Estas semanas no han sido mis semanas, no me había sentido muy bien y dejé de escribir por lo mismo. También tenía muchas ganas de escribir este cap; lo tuve pensado desde hace muchísimos meses, pero siempre que lo quería escribir nada salía. NADA. Me sentía atascado y sin ningún abismo de querer seguir escribiendo. Culpo al trabajo y a mi ansiedad, aunque no sé si sea eso jajajaja. Fue a penas hoy en la madrugada que pude terminar este capítulo y siendo honesto, no quedé para nada satisfecho con el resultado, pero lo público esperando que a ustedes les guste. Gracias por leer Espresso y por seguir aquí. Es muy probable que haya capítulo para la próxima semana y me regularice con las actualizaciones, espero.


—¿Vienen? — La emoción y excitación en los ojos de Sirius es tan fuerte que resulta casi imposible negarse. Peter acepta de inmediato, pero Remus tiene que hablarlo con su mamá primero. Así que, en cuanto se comunica con Hope, se sorprende cuando la mujer accede de inmediato, suena incluso más emocionada que el propio Sirius. Sin pretexto alguno para no aceptar, Remus termina yendo con Sirius, James, Peter, el equipo de Rugby, el de porristas y unos cuantos más agregados a festejar que Erin College irá a las nacionales y que el trimestre de primavera ha finalizado.

Llegan a un club nocturno que Remus solo ha visto una vez por fuera, puesto que no suele frecuentar ese tipo de lugares. Casi todos los chicos entran en ambiente de inmediato, se dejan llevar por la música e incluso, antes de pedir alguna bebida, ya se encuentran bailando y riendo. Sirius es uno de ellos, de los que ríen y exudan emoción sin descaro. Remus lo observa desde su asiento, puesto que prefiere no verse muy involucrado con nada que esté relacionado a coordinar sus pies. Se alegra al ver a Sirius siendo Sirius. Tomó un par de semanas para que el chico dejara de sufrir cada que lo veía a los ojos, y en cuanto le quitaron la férula a Remus, Sirius comenzó a acercarse un poco más a él. Esto relajó la tensión que había entre ambos, y ahora es el mismísimo Sirius quien se acerca a Remus y le rodea los hombros con su brazo.

—¿Por qué tan solo, Lupin? — Es algo que Remus empieza a notar, pero cuando Sirius está extasiado, se vuelve descarado. Remus lo mira de reojo, aparenta seriedad para molestar a Sirius.

—No me gustan las malas compañías. — Sirius se ríe. Es una risa espontánea, llena de jubilo y juventud. Sirius luce hermoso cuando ríe de esa manera. Y aún sonriendo, le da una calada al cigarrillo que tiene en su mano derecha.

—Vamos, Lupin. Deja salir ese animal que hay dentro de ti. — Sirius habla y exhala el humo en la cara del mencionado. Remus roda los ojos y le arrebata el cigarro a Sirius. Fuma y hace exactamente lo mismo que le ha hecho el otro chico a él.

—Malas compañías, dije. — La sonrisa de Sirius se ensancha, sus ojos brillan en la semi obscuridad del lugar. Están tan cerca que Remus puede oler su sudor mezclado con el tabaco y ese olor a madera que Sirius parece tener por naturaleza. Es James quien salva a Remus del vértigo que lleva por escrito Sirius Black.

Las horas pasan con Remus pegado a su silla, viendo a las demás personas, y disfrutando de la cajetilla de cigarros que ha aparecido "milagrosamente" en su mesa. Es hasta el cuarto cigarrillo que se percata de lo mucho que ha fumado y que tenía años de no hacerlo. El efecto de la nicotina hace que sea más tolerable el alto volumen de la música y las luces intermitentes de varios colores que llegan a aturdirlo en ocasiones. Su cuerpo está muy relajado y su mente se encuentra en un sopor bastante agradable. Observa como Sirius va y viene entre la multitud; como su cuerpo se mueve y se deja llevar por el ritmo de la música; como su rostro refleja lo mucho que está disfrutando del momento. Remus podría estar toda una eternidad sentado en esa silla incómoda viendo a Sirius, y no necesitaría nada más para seguir viviendo.

Llega un punto en la noche que todo parece ir disminuyendo. Hay menos personas bailando y más bebiendo. Remus no sabe en que momento se ve rodeado de gente que a penas ha visto, armando alboroto e inundando la mesa de alcohol. James, Peter y Sirius también están ahí, pero se ven tan distantes. Incluso el pequeño y tímido Peter parece adaptarse bien a la situación. A Remus aún le cuesta. Se siente incómodo y fuera de lugar. Como si fuese un alienígena que no cuadra con la escena. Está seguro que todos piensan lo mismo; que lo miran y susurran sobre él. Sobre lo mucho que desentona. Sobre que no debería de estar ahí. Sobre que su presencia es una molestia.

Remus agarra la cajetilla de cigarros que aún está frente a él, y se sorprende cuando la encuentra vacía. Su ritmo cardíaco se acelera, y su corazón late desembocado causándole una opresión muy extraña en el pecho. Trata de tranquilizarse. Respira hondo y pide un vaso de agua carbonatada. Está esperando a que su bebida llegue, cuando siente a Sirius justo a su lado. No le da tiempo a Remus de reaccionar y el chico ya lo está poniendo de pie.

—Baila conmigo, Remus.

—¿Qué? — Sirius se abre paso entre sus compañeros de equipo, jalando a Remus consigo. Este lo sigue sin poner resistencia. Mientras más se alejan de los demás, más siente que su cabeza se despeja y su corazón se estabiliza. No le gusta bailar, nunca ha sido bueno en ello y preferiría no hacerlo nunca. Pero en ese momento es en lo único que piensa. En bailar, y en el chico que lo ha sacado del océano en el que se estaba ahogando.

—Esta canción me gusta mucho. — Susurra Sirius, y Remus lo oye aún por encima de la música ensordecedora. Remus lo oye y lo mira. Mira como el cuerpo del chico se mueve a compás del ritmo que inunda el local. Ve como sus caderas se menean, como su torso se curva en movimientos que Remus creía imposibles. Lo observa y es observado. Porque Sirius baila, y baila para Remus. Su mirada puesta en él, la sensualidad que desprende dirigida hacia él. Sirius lo devora con su cuerpo, con esos ojos grises que lo incitan al pecado. Y Remus cae, se pierde en la marea que Sirius provoca. Todo desaparece. La música, las luces, la gente, la ciudad, el mundo...se evaporan y solo queda Sirius. Sirius y la mirada de depredador que tiene puesta en Remus. Este siente la sangre bombear por su cuerpo y acumularse en su entrepierna; siente espasmos, siente placer, pero sobre todo, siente a Sirius. En su piel. En el sudor que resbala por la piel de ambos. Lo siente tan cerca que todo su cuerpo palpita. Palpita por Sirius. Palpita por las manos que se rozan, por los cuerpos que ansían con frotarse, por la vergüenza de tener una erección y al mismo tiempo el descaro de querer que Sirius la toque, la estimule, la libere.

Remus sale del trance en el que ha entrado cuando la música se detiene y Sirius con ella. Ambos jadean, jadean llenos de excitación, de hambre. Remus no dice nada y se dirige al baño. Hacia mucho, mucho tiempo que no se sentía tan caliente. Está seguro que explotará en cualquier momento y prefiere tener un poco de privacidad cuando suceda. De reojo ve las intenciones de Sirius de seguirlo. Ve el éxtasis que desprenden esos ojos grises y Remus gime con solo imaginar a Sirius yendo tras él. Mas no pasa. Sirius se queda de pie en donde está, y Remus llega sin aliento al baño de hombres. Se mete a la primera cabina que ve abierta y se desabrocha el pantalón con urgencia. A penas y se toca y ya lo siente venir. Cierra los ojos con fuerza y su mente se inunda de Sirius. De su manera de bailar, del contraste de la luz contra su piel, de sus ojos que lo devoran sin piedad y lo vuelven loco, loco hasta hacerlo llegar. Remus se tiene que morder con fuerza el labio inferior para no gritar lo que ha callado por meses. Su corazón brinca y salta en su pecho y le toma bastante tiempo poder tranquilizarse, entrar en razón y volver en sí.

Es James quien se toma la molestia de llevar a Remus hasta su casa. Abre la puerta de su hogar con sigilo, hasta que recuerda que su madre se encuentra trabajando. Un gran alivio se apodera de él. No tiene ánimos de bañarse o hacer otra cosa que no sea meterse a la cama; sin embargo, cuando está dentro de ella, aún siente el orgasmo del baño repercutir en todo su ser. 

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