NARRADOR
En la celda solitaria yacía un hombre aterrado lleno de alucinaciones, ya el hambre y la sed no hacían mella en Él, su mente solo se centraba en que estaba en compañía de sombras aterradoras que lo torturaban todo el tiempo, a veces abrazaba los barrotes gritando pidiendo ayuda, sentía que lo jalaban de las piernas queriéndoselo llevar, sudaba, gastaba la poquísima agua que su cuerpo poseía, quién lo conociera en sus buenos tiempos, quedaría impávido al ver a un ser transformado en casi un animal en cautiverio.
Todo sucio, su ropa igual de inmunda, un poco rota, sus pantalones rasgados debido a que se arrastraba por esa celda, su mirada perdida, llena de locura, sus balbuceos de palabras inentendibles ya, manoteaba el aire como si tratase de alejar algo, a veces gruñía, si alguien mirara lo que tragaba para saciar su hambre lloraría, porque en las paredes estaban algunos agujeros que eran hechos por ese hombre, con las esposas que tenía puestas en sus muñecas había logrado romper un poco el cemento que revestía las paredes y esos pedazos que lograba sacar era su alimento.
Además de la intensa sed, había roto el tanque de agua del váter y beber de ese putrefacto líquido, solo quedaba un poco que defendía como si alguien más estuviese queriendo quitársela. De rodillas gruñía, manoteando el aire como si empujara a algo o a alguien atrevido que deseara tomar su fuente de agua. Su rostro sucio y reseco, sus cabellos enmarañados, también sucios, llenos del polvo que le caía cuando rascaba las paredes para sacar pedazos de ella y alimentarse.
Cada día estaba sumergido en la locura, además de que ya casi no había líquido en ese tanque roto, había logrado sacarse las cadenas de sus tobillos debido a que había descubierto de que estaban enredadas en las patas de ese camastro, por eso podía moverse por toda la celda. Lo que era mucho peor de todo, era que comenzaba a golpearse la cabeza en donde más podía, en el silencio de esa estancia se oían sus lamentos quedos y los golpeteos de su cabeza.
No en vano ya habían pasado más de diez días, en el décimo segundo ya su cuerpo le pedía agua, pero, ya no había más, su desesperación crecía, su mente desquiciada se concentraba en defenderse de las sombras que lo acosaban a cada momento, su estómago le dolía, se quejaba continuamente por eso, su frente estaba con una herida causada por sus frecuentes golpes a esos barrotes.
Nadie fue testigo de su último grito, de su último pedido de ayuda, de su mirada aterrada al ver y sentir que un monstruo oscuro lleno de colmillos afilados logro cazarlo, lo tenía bajo sus garras, comenzando a morderlo, a rasgar su piel para iniciar a comer su presa, nadie oyó cómo gritaba pidiendo ayuda mientras sentía el intenso dolor de ser devorado, hasta que todo se tornó en la oscuridad y ya no volvió a ver ni oír nada, solo se quedó ahí, en el suelo sucio.
El causante de su dolor se encontraba muy lejos, disfrutando de su libertad, en su casa, con su celular en mano, sin importarle ni un ápice lo que le sucediese a su prisionero, ni siquiera preguntaba de su situación, hasta al guardia que había dejado allá, lo solicitó para que vaya a una misión, dejando sin resguardo ese sitio. Lo hizo porque estaba seguro de que nadie pondría un pie debido a que se encontraba en un sitio internado en la selva oscura llena de animales peligrosos.
Qué lejos estaba de siquiera imaginar de que ya había comenzado su cacería y puesto en marcha el plan para el rescate de su prisionero.
El Don de la mafia italiana, Lucca de la Rúa, comenzó con su gran plan, interfiriendo en las entregas de la mercancía, deshaciéndose de los hombres de Vigo, quedándose con los vehículos y la mercancía, mientras Dimitri, en cambio, vigilaba otras rutas de entrega y en esas no tenían ningún problema, esto se hacía para generar mucha más confianza, solo bastaron dos días para encolerizar al narcotraficante, que reaccionó como estaba planeado, en una de las entregas más grandes se ocuparía personalmente dejando libre su mansión y llevándose a casi todos sus hombres, para que protegieran su negocio.
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LOS FETICHES DE MI PADRE
RomanceKiara promete a su padre cumplirle los caprichos más banales que se le ocurran, lo que no imaginaba era que le iba a pedir toda clase de juguetes sexuales, personajes para cumplir sus raros fetiches sexuales y todo por pendeja y abrir su bocota
