CAPITULO 198

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NARRA ALEXANDER

Esas pesadillas me están volviendo loco. Ese maldito hombre riéndose, burlándose, sentenciándome a la muerte. Esas voces susurrantes que me dicen que me comerán, que moriré. Esa sensación de hambre y sed. Veo todo oscuro, camino a trompicones, unos gruñidos en esa oscuridad impenetrable me tienen con pánico.

Estoy solo en una celda con hambre, con sed, esos malditos barrotes no ceden con nada. Quiero salir, llamo a mi esposo a gritos y no me escucha, no sé en donde está. Necesito ayuda. Me despierto con mi frente perlada de sudor, mi respiración loca, me siento sofocado. Esto ha pasado varias veces, ya no quiero esto. La última vez cuando desperté no estaba Danko a mi lado, solamente estaba Mijaíl que me dijo que mi esposo había ido a la casa para hablar con Serena. Me calmé solamente le pedí de favor que no me dejara solo hasta que regresara Danko.

Estuvo conmigo hasta que el médico entro para hablar conmigo y salió porque deseaba hablar con mi esposo y Mijaíl también dijo que saldría por unos minutos, que lo esperara y asentí con la cabeza. Estaba muy nervioso ahí dentro, los minutos se alargaban y yo estaba tan impacientado hasta que oí su voz y mis sentidos despertaron como locos.

Lo vi entrar y me levante a toda prisa para abrazarlo y sentirme protegido. El doctor me pidió que lo acompañara a su consultorio. Danko y Mijaíl nos acompañaron, sin embargo, les pidió que nos esperaran en la parte de afuera y cerro lentamente la puerta, el sonido de esa puerta fue para mí, como si cerraran esa celda donde yo estuve. El "pam" del golpe al cerrar me hizo sobresaltar retornando ese recuerdo horrible de cuando me encerraron.

El doctor me hizo sentar en un sofá grande y comenzó a hacerme muchas preguntas, todas relacionadas con esa fatídica estancia como prisionero. Le narre lo que recordaba, hasta que me pidió que me acostara. Así lo hice, tenía algo en su mano que lo oscilaba frente a mis ojos, me pedía que me relajara, que me concentrara en ese artefacto que no lo perdiera de vista. Comencé a sentir un poco de embotamiento, como si estuviera muy cansado, como si mi mente y mi cuerpo reclamaran descansar, finalmente sucumbí y me sumí en la oscuridad.

NARRA DANKO

Quería estar ahí dentro al lado de mi amor, sin embargo, Mijaíl decía que me calmara que el médico sabía lo que hacía, que iba a ayudar a mi esposo. Caminaba de un lado a otro lleno de preocupación, al paso del tiempo escuche un grito desgarrador que provenía de ahí dentro, mire a Mijaíl con ansiedad y estaba por entrar cuando sentí que mi primo me agarro con mucha fuerza diciéndome.

—¡No! Deja que trabaje el doctor. ¡No interrumpas carajo!

Comencé a reclamar.

—Alexander está gritando. Necesita ayuda. Quiero saber que está bien ¡Suéltame!

Pataleaba, golpeaba, empujaba, pero nada que me soltaba, seguía pidiéndome que me calmara, pero, es que mi esposo se quejaba, seguía gritando, pidiendo ayuda y yo, aquí sin poder hacer nada. Hasta que Mijaíl me grito mirándome a los ojos.

—¡Basta! ¡Maldita sea! Dimitri está trabajando, carajo. Deja de joder. ¿Quieres que Alexander sane? ¡entonces cálmate!

Al cabo de unos minutos solamente se escuchaba un silencio ensordecedor, mire a mi primo con un sabor de preocupación. La puerta se abrió dejándome ver a Alexander que salía con su semblante triste y mojado su rostro con lágrimas. Fui a abrazarlo y darle protección. El doctor salió dándole unas palmaditas en el hombro a mi esposo mientras decía con voz tranquilizadora.

—Todo estará bien.

Me pidió que lo llevara hasta la habitación y que mandaría la cena para Él, que hasta mientras se de un baño para que se relaje. Se quedó hablando con Mijaíl, me lo lleve abrazado, entramos y lo ayude a sacarse esa ropa para que se diera un baño. Entro y me pidió que lo acompañara. Acepte y me saque la ropa para entrar juntos a la ducha.

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⏰ Última actualización: Mar 18, 2025 ⏰

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