Me encontraba durmiendo cuando un click, me despertó. Si escuché ese sonido, era porque la persona estaba en mi cuarto. Con cuidado para que no se diera cuenta de que me había despertado, tomé con cada mano la sai y la espada que estaban debajo de mi almohada -sí habían demostrado ser útiles. Cuando sentí que lo tenía detrás de mí, me moví y salí de la cama al tiempo que esta se humedecía. Desde el otro lado de la cama, miré a Albeans con una ceja enarcada.
"¿Alguna razón en particular por la cual me vengas a despertar con agua?"
"¿Cuándo despertaste?" Preguntó ignorando mi pregunta.
"Pregunté primero."
"Por favor, necesito que respondas la pregunta."
Su cortesía me hizo responderle. "Cuando entraste al cuarto. Escuché que la puerta se abría."
Asintió y suspiró aliviado. "Haz despertado y esquivaste el agua antes de que te mojara. Esto es sólo lo más sencillo, pero por lo menos has pasado el inicio de la prueba. Eso no quiere decir que aún no tenga mis dudas," hizo una mueca, "ya que no te moviste. Pude ser un asesino."
"Y los acompañantes están de adorno, idiota." Refuté.
Me miró sorprendido. "Tienes razón."
En ese momento, de madrugada, en mi cuarto con mi cama mojada no pude evitar que una duda me asaltara. "¿Acaso no me respetas?"
"No. No te lo has ganado y mi respeto por ahora es de la General Cassinger."
Asentí. "Puedo aceptarlo."
"Tu prueba sigue. Sígueme."
Capaz Albeans creyó que me sentiría intimidada por estar con ropa de cama. Pues no. Lo seguí por el pasillo.
"¿Qué hubiese pasado si me hubieras mojado?"
"No tendría sentido que seas siquiera un soldado de Arazem." Respondió y no me dijo más.
Al bajar por las escaleras noté con sorpresa que todo seguía a oscuras, es decir que era más tarde -o temprano según se viera- de lo que pensaba. Salimos del castillo, caminamos un poco y llegamos a la arena donde yo solía practicar pero la diferencia es que ahora tenía muchas más armas y más blancos.
Por el rabillo del ojo, miré a Adregon que se encontraba perfectamente vestido. A su lado, estaban dos sujetos que recordaba haber visto antes sin embargo, no recordaba quiénes eran. Eran el opuesto del otro. El del lado izquierdo, era bajo, de cabello oscuro, bigote y de aspecto un poco débil mientras que el del lado derecho era un poco más alto que Adregon (que era decir algo porque Adregon era alto), rubio y musculoso. Albeans nos acercó a Adregon.
"Hermosa madrugada, Su Majestad." Le dije con una sonrisa. "No esperaba que la prueba fuese tan pronto." El hombre al lado derecho de Adregon me miró como si estuviese loca.
"¿Cuántas horas de sueño tienes?" Preguntó Adregon ignorando los buenos modales.
"Cuatro." En realidad tres y media (Albeans me había dicho la hora antes de llegar a nuestro destino), pero quién llevaba las cuentas.
"Será suficiente." Bufó. "Como supongo Albeans te habrá dicho, la prueba continúa. Para pasar estar parte, Piper, debes sacar como mínimo un puntaje de ocho sobre diez. Realmente es poco visto que un General en Jefe entre en batalla y lo que más importa son los planes estratégicos que puedas tener, sin embargo sería una desgracia que el primero en morir sea alguien de tan alto rango como tú. Dicho eso, allí están las armas."

ESTÁS LEYENDO
Una General en Jefe
Romance[4/5] 1. Arazem: Piper Sebrin, un nombre normal para una chica normal. O eso era lo que ella pensaba. Piper se fue a la cama con las preocupaciones normales de una chica de su edad, sin embargo al levantarse, su vida dio un giro inesperado. Ahora s...