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1. Arazem:
Piper Sebrin, un nombre normal para una chica normal.
O eso era lo que ella pensaba.
Piper se fue a la cama con las preocupaciones normales de una chica de su edad, sin embargo al levantarse, su vida dio un giro inesperado. Ahora s...
"Mierda." Dije mirando el mapa juntándolo con la información que me habían mandado los generales.
La batalla por mar había estado excelente hasta que la embarcación de Prinom y algunos fuertes en las costas fueron atacados por piratas y Captol en tiempos muy cercanos. Eso nos había quitado poder por ese lado y era algo que no había previsto, que no estaba en mis planes de acción así que nunca lo tuve en consideración y Captol, por supuesto, se había aprovechado de ello con creces. Maldición. Ahora tenía las costas desprotegidas pero no podía dejar que soldados en mi puesto fuesen a ayudarlos y tampoco podía dejar que los que estaban con los otros generales lo hicieran.
A menos que..., pensé. Me puse de pie y comencé a buscar la cuenta de soldados que todos estaban obligados a entregar. Rápidamente, tomé cada una de las cuentas e hice un cálculo rápido.
Estar en posición casi central me permitía orquestar los ataques, pero también hacía que fuese relativamente sencillo atacarme sin embargo si le quitaba unos cuantos soldados a cada uno (nada extraordinario) y pedía ayuda a Arazem... podía solventar la situación.
Con la decisión tomada, envié las cartas.
Las respuestas llegaron: todos habían aceptado, incluso la ciudad principal. Bien, era hora de tomar acción.
Con el primero con el que fui a hablar fue con Albeans aunque era bastante factible que me asesinara, después de todo era madrugada. Caminé por el campamento, donde todo estaba en completo silencio y no había sino unas pocas luces encendidas. Me acerqué a la tienda de Carith y entré. Vi ropa tirada por todas partes al igual que papeles regados y al final, Albeans desparramado en su cama roncando suavemente.
"Todo un obsesivo compulsivo del orden." Comenté. Vi una silla y me senté y comencé a llamarlo suavemente.
"¿Ah?" Preguntó somnoliento.
Sentí un escalofrío y juro por Dios que casi pegué del techo cuando vi a Rayker a mi lado.
"Vas a tomar mi lugar temporalmente." Dije mirando de vez en cuando a la acompañante.
Abrió los ojos como platos y se sentó. "¿Cómo?"
Ajá, lo había despertado.
Me senté derecha, crucé las piernas y comencé a explicarle. Cuando terminé, me puse de pie. "Voy a salir en dos horas a más tardar."
"¿Te vas a llevar a Jinoke?"
"No puedo, correría mucho peligro." Me puse de pie. "Capitán Albeans, espero envíe a los que crea convenientes a la costa, dejaré esa decisión en sus manos. Lo veré luego." ¿Podría dejar a alguno de ustedes acá?, pregunté.
No, dijeron los tres al mismo tiempo y sin vacilar.
¿A qué ciudad vamos?, preguntó Hanolu. A Danafor.
Danafor era una de las ciudades costeras más grandes de Arazem y era también donde se necesitaba reconstruir el fuerte con más rapidez, además era la que se encontraba más centralizada entre las otras ciudades costeras lo que me beneficiaba en términos estratégicos.
Piper, ¿por qué no has botado o matado a Astoran?, preguntó Hanolu.
Porque el muy maldito podía hacer lo que le daba la gana con Reinola y tiene permiso real para hacer casi todo.
No nos apartábamos de Reinola, teníamos que cuidarla, dijo Kalous.
"¿Por qué no me sorprende?" Dije en voz alta.
Además, continué mentalmente. ¿No sería patético de mi parte ir a llorarle a Su Majestad porque no puedo controlar a un hombre?
¿Es sarcasmo lo que escucho?, dijo Lanaedo.
"Puede ser."
En Danafor, lo primero que hice fue presentarme y lo segundo ponerme a trabajar en la reconstrucción del fuerte además de esperar a la llegada de todos los soldados. Cuando todos los soldados que pedí estuvieron en Danafor, me reuní con la General Prinom —había evitado reuniones y conversaciones que no fuesen estrictamente necesarias.
Me encontraba sentada con una taza de té frente a mí, por su parte ella se encontraba de pie mirando el mar. Tomé la taza y la llevé a mis labios.
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