Capítulo 14

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Caminando por el lugar, noté que casi todos los lugares tenían un número dos el cual, mis acompañantes fueron tan amables de explicar era el segundo día del Hakada.


"Primero, ¿dónde estamos?" Pregunté al aire para escuchar sus reacciones aunque tenía una buena idea de dónde estaba.

.... ¿Qué?, dijo Lanaedo.

Por sus lados, Hanolu y Kalous estaban extrañamente callados.

"Es que nunca vi el mapa." Comenté con naturalidad.

¡¿CÓMO ES POSIBLE QUE NO SEPAS DÓNDE ESTAMOS?!, rugió Lanaedo. Kalous y Hanolu se limitaron a reír. Iré a averiguar dónde estamos, sentí que desapareció.

Me comencé a reír por lo bajo. De seguro Adregon no hacía ese tipo de cosas.

Ni en lo más mínimo, dijeron al mismo tiempo Hanolu y Kalous.

Sentí un escalofrío y después escuché: "Vaya, tan temprano y con un caballo."

Me di la vuelta y allí estaba Delion sobre un caballo blanco con manchas marrones.

"Puedo decir lo mismo de ti pero a diferencia de mí, tú estás encima del caballo."

Sonrió ligeramente. "Eris, mi yegua, estaba un poco inquieta así que decidí llevarla de paseo. Tu caballo," señaló a Ira. "¿Cuál es su nombre?"

"Ira." Dije mientras acariciaba el cuello de Ira y ella relinchó.

"Parece que te tiene cariño."

Su yegua comenzó a relinchar. "Te dejo, Piper, un placer verte limpia y con una buena noche de sueño. Te ves mejor." Sonrió y comenzó a correr con su caballo.

"Maldito." Mascullé sonriendo.

Sentí un escalofrío. Ya sé dónde estamos, dijo Lanaedo.

"Ajá."

Actualmente nos encontramos en Walktar, en un pueblo relativamente cercano a su frontera, explicó.

¿Otra cosa?

Celebran muy bien el Hakada.

"Eso lo supe desde que llegué." Comenté. "Dime por favor que encontraste algo de agua cerca."

También.

"Perfecto, por favor guíame después de que compre algunas cosas."

El Hakada me había caído casi desde el cielo. Como General en Jefe, no se me permitía (o al menos yo no me lo permitía) mostrar emociones, sin embargo en la ducha del día anterior se me habían escapado unas lágrimas y pensamientos. Lo único que pude agradecer realmente, fue el sueño sin soñar.

Llegué a un claro donde solté a Ira para que pastara y me senté debajo de un árbol.

"Pueden irse a cazar." Dije e inmediatamente sentí que desaparecían.

En ese momento, me sentí mal. Me sentí sola.

Podías haber estado en Arazem
, me dije cerrando mis ojos.

Ah, claro, con el rey al que le llueven mujeres e igual de sola, me respondí.

No estarías solas, estarías con Albeans y Ahlía, repliqué.

Molestando es lo que haría.

Sentí que las lágrimas se comenzaban a formar.

"Creo que puedo decir que me estás siguiendo." Abrí los ojos encontrando el rostro de Delion cerca del mío. Estaba sonriendo pero su sonrisa desapareció y una expresión preocupada tomó su lugar. "¿Te pasó algo? ¿Te ayudo?" Eso solamente hizo que mis lágrimas cayesen con más rapidez. Delion se movió y me tomó en brazos. "Ya, ya, todo va a estar bien."

Y eso quebró todo posible intento de contenerme. Lloré en sus brazos por lo menos cinco minutos hasta que me separé de él.

"Perdóname." Dije secándome las lágrimas. "No fue mi intención llorar de esa manera."

"¿Es tu primera vez en la guerra, verdad?" Asentí. Delion me soltó suavemente y se sentó a mi lado. "Entiendo lo que tienes que pasar." Me dijo suspirando y mirándome por su ojo descubierto.

"¿Estuviste en la guerra?" Fruncí el ceño.

"Hace mucho tiempo." Su tono me dijo que no lo extrañaba. "Pero nunca se me hizo más sencillo y por eso me retiré. No sin antes ganarme unos premios," dijo volteando su rostro quedando éste a plena vista del mío y con una suave sonrisa señaló su cicatriz y su parche y se volvió a voltear.

"Ah, supongo de primer lugar."

"Claro." Sonrió mostrando los dientes y se puso serio. "Pero Piper, no te voy a decir que lo vas a superar rápidamente porque generalmente no es así; lo único que podemos esperar es que la guerra termine rápido y puedas volver a tu vida normal."

Pero mi vida normal aquí no existe, soy General en Jefe, no un soldado. No puedo volver a una vida normal porque no la tengo. No acá, quise decirle pero al mismo tiempo no quería.

"Supongo. Gracias, Delion."

"No hay de qué."

Estuvimos un rato en silencio. "Por cierto, eres tú el que me está persiguiendo a mí."

Se echó a reír.

Nos quedamos callados y entre nosotros no apareció ese silencio incómodo que usualmente aparecía.

No hablamos mucho, sólo de los usuales temas banales del clima y la ciudad pero nada más eso. Llamé a Ira y él montó sobre su caballo, Delion me miró y con una inclinación de la cabeza, se fue. Llegué a la habitación del lugar donde me estaba quedando y no había terminado de posar mis nalgas en el colchón cuando escuché que tocaban el vidrio, me giré y encontré los ojos de Mena.

"Vaya, había tardado en escribirme," comenté abriendo la ventana.

Sentí que el ambiente cambiaba así que miré sobre mi hombro ahora viendo a Kalous en el suelo, Hanolu en la cama y Lanaedo.... Lanaedo estaba flotando. Levanté una ceja, resoplé y extendí mi mano.

"No tengo nada para ti, cariño." Le dije acariciando debajo de su cabeza. "Pero veo que tú sí tienes algo para mí." Besé su cabeza y me senté en el poco espacio que me dejó Hanolu en la cama.

Le quité el pergamino que tenía y la puse en la cama.

Piper,
Sinceramente me sorprendió tu respuesta. Incluso escribiendo esto, no puedo evitar levantar la vista y leer tus palabras, letra por letra, que me dicen que no vas a venir.

'Siento mucho no ir a Arazem por la festividad, pero creo que necesito aprender algunas cosas'

Espero que pases un buen Hakada. Por cierto, una chica te manda saludos

"No sabía que Ahlía fuese cercana a Adregon." Dije frunciendo el ceño.

(he de admitir que me sorprendió consiguieses amigas acá), su nombre es Rinea Farisen.

"No sé quién es." Mascullé.

"Quiere quitarte a Adregon." Agregó Hanolu.

"No es mío en primer lugar."

Te deseo un feliz Hakada, Piper. Disfruta, ya que para ello es y si no lo haces, no te preocupes, lo haré por los dos.
Recuerda que tú eres General en Jefe y tú estás por encima de todos los soldados. Todos.
Saludos,
Adregon.

Cerré el pergamino y lo tiré a un lado.

"Voy a buscarle comida a Mena." Dije colocándola suavemente en la cama y salí por la puerta.




Me monté sobre él y comencé a montarlo acelerando mi paso buscando el orgasmo.Nuestras respiraciones se escuchaban.

¡Ah! ¡Ah!, gemí. Rasguñé su pechomientras él chupaba mi pezón.

Casi, ya casi, pensé.

Abrí los ojos de repente casi pegando del techo con el sonido del trueno.

Mi respiración se encontraba acelerada. Mis pezones estaban como piedras y la entrepierna me ardía.

Me bajé de la cama colocándome mis zapatos sin hacer ruido mientras salía de la habitación con suavidad. Me detuve en el pasillo, tratando de sentir la presencia de mis acompañantes pero no estaban conmigo. No en ese momento. Seguí caminando y pensé en pedir agua para un baño helado pero como todo estaba en silencio, decidí no perturbar. Cuando salí del lugar, el frío me dio escalofríos y sentí mi cuerpo inquieto.

Escuché que una puerta se abría de un portazo y volteé. Estaban sacando a unos hombres de un lugar donde supuse que vendían alcohol.

"Ya es suficiente." Dijo una voz conocida. "Es suficiente por hoy."

Esperando a que mis ojos se ajustasen, finalmente pude ver a Delion de pie frente al hombre que había sacado. El hombre lo vio por un momento más y se desplomó en el piso. Delion, supongo que sintiendo mi mirada, levantó la vista y me vio. Su ceja se elevó. Le echó una mirada al sujeto en el piso y se acercó a mí.

"Piper, ¿estás bien?" Preguntó mientras se acercaba. "Te veo roja, ¿tienes fiebre?" Agregó cuando estuvo frente a mí y colocó una mano en mi mejilla. Eso sólo me hizo temblar. Ese toque trajo a mi mente el sueño que había tenido. "No pareces tener calor."

"Delion, ¿tienes esposa?"

Abrió su ojo como plato. "No."

"Qué bien." Tomé su rostro entre mis manos y lo atraje hacia el mío.

Al principio, sus labios no se movían pero luego de un segundo, comenzó a moverse. Sus labios no eran suaves pero eran dulces. Su beso fue suave en un principio, colocó su mano en mi mejilla y siguió el beso.

La naturaleza del beso cambió cuando su lengua tocó mi labio inferior.

Abrí mi boca y nuestras lenguas se juntaron. Comencé a retroceder con la intensidad de su beso y cuando pegué con una pared, coloqué mis brazos alrededor de sus hombros. Cambió el ritmo, me besó lentamente hasta que se separó de mí. Los dos jadeábamos, nuestros alientos se mezclaban y yo hablé. "Voy a ser clara," le dije en su boca. "Te quiero. Ahora. Esto es—"

"Sexo." Sonrió. Miré su ojo notando que su mirada había cambiado de la cálida y amigable a una ardiente y seria. Bajó su boca y comenzó a besar mi quijada al tiempo que con su mano izquierda subía mi pierna.

"Pero no aquí," me apresuré a decir. "No quiero hacer un espectáculo en la calle."

"Hecho." Sonrió y me besó.


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