"¿Dónde queda la oficina de Adregon?" Le pregunté a una criada. Ella palideció al ver mi rostro y me llevó hasta la habitación. Debió haber notado que no estaba jugando. Recién había salido de mis lecciones en las que se trató un poco sobre el tema de ser General en Jefe y si bien ya sabía algunas cosas -como ser Lord de Batalla por ejemplo-, había otras de las que no estaba enterada. Otras, que para mí, eran más importantes que ser el maldito Lord de Batalla.
La doble puerta estaba custodiada por unos guardias que, al mirarme, no abrieron la puerta (supongo que mi expresión les dijo que no era seguro) así que me tomé la libertad de tocarla, patearla y golpearla hasta que el desgraciado se dignó a permitirme el paso y solo así los malditos guardias abrieron la puerta. Entré y la puerta se cerró tras de mí al tiempo que buscaba (y encontraba) a Adregon con la mirada.
"¡¿Cuándo coño pensaba decirme que Reinola era tu esposa y todos consideran que como cambiamos ahora soy la tuya?!" Le grité.
Adregon, que estaba sentado en una mesa con una taza a su lado, un papel frente a él y una pluma en su mano izquierda (vaya, era zurdo), me miró y luego dijo: "Nunca dije que no lo fueras."
"¿Y cuándo planeabas decírmelo?" Mascullé entre dientes para no gritar más.
"Es más entretenido cuando te enteras por tus medios." Oh sí, sentía que me latía la cabeza. "Supongo que ya llegaste a esa parte en tus lecciones."
Apreté la mandíbula con fuerza mientras intentaba respirar profundo. Me di la vuelta y me fui. Abriendo y cerrando la puerta con toda la fuerza que tenía.
Viva el dramatismo.
Mientras caminaba hacia los establos, no pude evitar pensar que si así sería todo el tiempo. ¿Me enteraría todo el tiempo por casualidad?
Cuando divisé el establo donde Ira se encontraba, sentí que un escalofrío recorría mi espalda de abajo hacia arriba.
Esquívalo, escuché y no tuve que escucharlo dos veces para hacerlo. Me quité rápidamente hacia la izquierda esquivando, por centímetros, el ataque de Kalous.
Oh, por favor, no otra vez, lamenté mirando a Kalous. Mi cuerpo recién se había 'recuperado' y ahora eso. Agradecía que, después de vencer a Hanolu, siempre tuviese conmigo un cuchillo o algo con qué defenderme -dejando de lado las armas que estaban debajo de mi almohada en mi habitación.
"¡¿No podías esperar a que se me quitaran los moretones?!" Le reclamé a Kalous. Kalous no me saltó encima como lo hizo Hanolu. No, Kalous era del tipo sigiloso. "¿Cuánto tiempo pueden durar las peleas, Hanolu?"
"Hasta que alguien gane o muera, una vez que empiece no se puede detener." Respondió.
No podía despegar la vista de Kalous, me mataría si me distraía. Recordé mis alrededores o lo intenté hacer. Con satisfacción, recordé que no muy lejos de mí había un almacén para las cosas de práctica así que salí corriendo confiando en que podría, aunque sea, esquivar los ataques de Kalous. Escuché el rugido detrás de mí mientras corría como si me persiguiera la muerte (en realidad lo hacía). Me volteé y me detuve esperando el ataque de Kalous. Cuando estuvo cerca de mí, levanté mi pierna y le di un rodillazo debajo de las fauces.
Comencé a correr como loca. El sudor bajaba por mi espalda y mi pecho y vi con alivio una espada y un arco y unas flechas. El mismo truco de Hanolu no funcionaría con Kalous.
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Una General en Jefe
Romansa[4/5] 1. Arazem: Piper Sebrin, un nombre normal para una chica normal. O eso era lo que ella pensaba. Piper se fue a la cama con las preocupaciones normales de una chica de su edad, sin embargo al levantarse, su vida dio un giro inesperado. Ahora s...