LIX

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Cuando salieron de la casa de Jin podía decirse que estaba más que eufórico, estaba a gusto con sus nuevos amigos y apreciaba que todos hubiesen ido para darle apoyo y cariño a Jin, que estaba recuperándose de una situación complicada.
Se despidieron de Yoongi y de Namjoon los cuales se fueron hablando de algo serio calle abajo. No sabía si dejarles a solas después de lo que había sucedido entre ellos mientras estaban comiendo tarta, pero decidió que tal vez necesitaban resolver sus problemas.
Decidió acompañar a Jimin ya que le pillaba de camino. Además ya se había hecho de noche y temía que le ocurriese algo. Así que se ofreció a acompañarlo hasta la estación y él, sonriente no le negó nada.
—Ha estado genial esta tarde. —suspiró mientras estiraba sus brazos y bostezaba. Estaba cansado a pesar de todo. Tenía que planificar las clases que le daría a su nuevo alumno en cuanto llegase a casa y todavía no había empezado con los deberes. Suspiró y miró a Jimin que se había quedado callado. 
—¿Estás bien? —preguntó dándole en el hombro para que volviese a la Tierra. Jimin sonrió sin decir nada y pareció que se acababa de dar cuenta de que él estaba a su lado y le sonrió de nuevo. Hoseok le miró unos segundos confuso y Jimin pareció intentar disculparse con sus ojos.
—Lo siento. Es que estaba pensando en una actuación que tengo dentro de poco. He estado estos días algo perdido y he faltado a varias clases de baile. Así que estoy algo nervioso, ¿sabes? Podría salir realmente mal como siga así.
Hoseok asintió. Sabía lo que era aquello y probablemente por eso Jimin se lo estaba confiando. Le miró unos segundos más y sonrió, ahora entendía porqué el chico había querido ir a practicar en su Academia; no tenía lugar en donde recuperar las clases perdidas y recurrió a él. Sonrió cómplice recordando que él había hecho eso alguna que otra vez.
—Mira, podemos hacer una cosa. —Jimin le miró fijamente. —Tengo un alumno nuevo en mi Academia y van a ser clases individuales, así que no creo que haya ningún problema si te vienes esos días a practicar tus pasos conmigo. A lo mejor te puedo ayudar. —la sonrisa que surgió en el rostro de Jimin fue resplandeciente y brillante. Hoseok no tardó en contagiarse de esa sonrisa.
—¿En serio? —preguntó emocionado.
—Claro. —respondió seguro. Si podía ayudarle de alguna forma lo haría. Además que tampoco le costaría nada, bailar era lo que más amaba hacer en el mundo y si podía poner una excusa más para hacerlo, lo haría.
—¿Y no le molestará a tu alumno? —cuestionó aún con la enorme sonrisa en sus labios.
—No creo. Todavía no le he visto porque tenemos clases de jueves a sábado, pero mañana ya podré conocerle. —hizo una pausa. —Si le digo que tú eres un alumno más, no creo que pase nada.
—¡Vale! Muchas gracias, en serio. —le dijo mientras continuaban caminando por la calle.
Después de aquella aclaración Jimin le explicó que su actuación se trataba más bien de un pase de entrada a una Academia con muchísimo prestigio del centro en la cuál él jamás había estado. Según Jimin, él no había sido el único que había elegido su tutor para presentarse a las pruebas de acceso y eso también le ponía nervioso pues en su clase había gente muy talentosa. Decidió darle algunos consejos sobre los nervios y le animó un poco. Al rato se pusieron a conversar sobre el baile que había elegido hacer Jimin para la prueba. Él le dio su opinión, algo espontánea ya que no podían enseñarse mutuamente los pasos que querían hacer o incluir así que no pudieron debatir mucho tiempo sobre la actuación. Cuando ya vieron la estación y Jimin seguía enfrascado en un monólogo sobre el estilo de sus diferentes compañeros le llamaron al móvil. Lo cogió extrañado por la llamada tan repentina y esperó a que contestaran al otro lado. Era su madre la que estaba llamando, pero ¿por qué? Ya tenía edad para andar de noche por las calles, no debía estarle llamando para que regresase a casa. Algo debía haber pasado.
Contestó al momento.
—¿Mamá?
—¡Hoseok! ¿Dónde estás?
—Acompañando un amigo a casa. ¿Qué pasa?
—E-es tu hermana.
Se le paró el corazón.
—¿Qué ha pasado?
—T-tu hermana, l-la han...—escuchó como su madre empezaba a sollozar y escuchó aún más atento. Después oyó la voz de su padre, intentando sonar fuerte.
—¿Hoseok?
—¿Qué ha pasado papá?
—Tu hermana. La han atropellado.
—¿Qué? —sintió como su móvil se escurría lentamente de sus manos y como sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas. Su respiración empezó a aumentar de velocidad y aunque delante de él se encontraba un Jimin preocupado él ya no veía más allá del atropello de su hermana. Se la imaginó, cayendo en la carretera. Después se imaginó unas ruedas, gordas y negras como la propia muerte pasando por encima de ella, aplastándola, quitándole todo el aire que sus pequeños pulmones a penas podían contener. Después se imaginó la sangre, fluyendo lenta y calmadamente por el cuerpo inerte de su hermana.
—¡Hoseok!— la voz de su padre le trajo de vuelta a la realidad y no supo si agradecérselo o gritarle. —Deberías venir al hospital, necesitamos todo tu apoyo ahora. 
—Pero, ¿cómo ha pasado?
—Estaba jugando con unas amigas en la calle. Dicen que se despistó y se cayó al suelo. Lo siguiente que me han dicho es que un coche no la vio y continuó su camino.
Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas con furia. No se las quiso apartar de la piel pues su cuerpo se había quedado estático, tenso en el lugar. Jimin le agitó pero él ya no escuchaba nada, ya no quería escuchar nada ni a nadie. Ya no importaban las clases, ni las bandas de música, ni las pruebas para ninguna Academia prestigiosa, lo que importaba ahora era su hermana, y debía ir a verla de inmediato.
No dijo nada y empezó a caminar hacia la parada de autobús que le dejaba directamente en el hospital más cercano. Suponía que sus padres estarían allí ya que no les había preguntado. 
Cuando llegó a la parada, Jimin se colocó a su lado en silencio y fue en ese momento cuando se dio cuenta de que el chico le había seguido.
—Vete a casa. —le dijo cortante. Lo siguiente que vio fue el rostro indignado de Jimin y sus labios fruncidos como un niño pequeño. Como su hermana. —Jimin vete a casa. Ha ocurrido algo y tengo que ir a atenderlo.
Jimin le miró con ojos brillantes.
—Te acompañaré.
—No te interesa, en serio, vete a casa.
—Si te ha hecho llorar sí me interesa.
Y no pudo rebatir esas palabras haciendo que su amigo le acompañase a su peor pesadilla.

The Way We Became StarsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora