Capitulo: Una invitada

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El suelo estaba duro y frio, la pared estaba aun más dura y mas fría, sus brazos pesaban, por estar en la misma postura. Suspiro, removiéndose. Tenía frio, notaba el frio en su cuerpo, en su rostro.

Miro hacia la cama, a él, acostado en el colchón, tapado con unas pieles, durmiendo plácidamente. Giro el rostro y miro hacia la puerta. Le había visto, había cerrado con llave aquel portón de madera y mirandola con una sonrisa maliciosa, había deslizado la llave en su cinto.

La estaba provocando, se divertía a su costa.

La había dejado alli, durmiendo en el frio suelo, sin siquiera una piel para cubrirse y con las manos atadas a la columna de madera. Se había echo la dormida, con el rostro recostado contra la pared, había cerrado los ojos, apretándolos con fuerza. Intentado ignorar la realidad en la que se encontraba.

Y sin saber cómo, se había quedado dormida

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Y sin saber cómo, se había quedado dormida.

Había estado en casa, montando a caballo con Marga, discutiendo con Ayleen y peleando contra Mail y Keith, ganándoles una vez más. Entonces, el sueño había llegado a su fin.

Había abierto los ojos bruscamente y se había visto rodeada de oscuridad. Tardo unos segundos en acostumbrarse, para poder ver algo. Y alli estaba, durmiendo.

Y las horas habían pasado, removiéndose, suspirando, aguantando el frio y la dureza de la pared y el suelo. Ahora comenzaba a amanecer, la leve luz se filtraba por las ventanas y podía verle perfectamente. Se había movido, descansaba tumbado bocarriba, con los brazos fuera de las pieles, alzados sobre su cabeza. Se removió y su pierna salió de las pieles, que resbalaron sobre su pecho desnudo hasta quedar en su cintura. Se quedo mirándole, como una idiota, sus ojos recorrieron sus músculos.

Desvió la vista molesta y apretó la mandíbula. Encontraría la manera de darle su merecido. No iba a convertirse en la presa de este Cazador.

Escucho un suspiro y giro el rostro, para ver como se estiraba en la cama, como sus perfectos músculos se tensaban, volviéndose duros.

-Buenos días -y dejo de mirar su pecho para encontrarse con la mirada satisfecha de él, entonces sonrió -¿Dormiste bien?

-Que te den -entrecerró los ojos mirándole furiosa.

-Parece que no -y el se incorporo, saliendo de la cama y dejando caer las pieles y por consecuencia, dejándola con la boca abierta. Con total tranquilidad camino ante ella hacia la silla donde estaba su ropa. Moira fijo la vista en su trasero y vio una pequeña marca en una de sus nalgas, no pudo evitar sentir satisfacción de saber que ella había sido la que había mordido esa dura y perfecta nalga. Entonces sus ojos subieron a su espalda. A sus cicatrices, claras marcas de latigazos. -Puedes mirar y te dejaría tocar si fueras mas cariñosa.

-¡Agh! -chillo girando el rostro para no mirarle -¡Eres un arrogante estúpido!

Escucho la risa de él, sus pasos y entonces vio su rostro ante ella, se había agachado. La miraba a los ojos sonriendo, mientras sus manos se acercaron a la cuerda, que desato del pilar, tiro de ella, ayudándola a incorporarse. Moira sintió sus piernas desfallecer, pero prefirió apoyarse contra la pared, antes que en él. Aun así, sabía que se había dado cuenta, porque no empezó a caminar, espero, espero un tiempo a que sus piernas pudieran responder. Cuando al fin la vio de pie, sin ayuda de ningún apoyo, tiro de ella suavemente, hacia la mesa.

Los Hijos de Las Highlands.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora