SECUELA DE LA SAGA HIGHLANDS. PROXIMAMENTE
Se recomienda leer antes la saga Highlands (La Guerrera, El Invencible, La esposa, El Conde, La Duquesa, El Laird y La Bruja)
Este libro recoje las historias de sus hijos, de los descendientes de los clan...
-¿Creéis que durara mucho? -Javrik hablo en voz baja, escondido tras la puerta junto a sus hermanas. Los tres observando cómo Duncan hacia carantoñas a las dos niñas, como ellas agarraban sus dedos y el reía. -Es una gran idea entretenerle con las niñas, pero en algún momento se dormirán o tendréis que alimentarlas.
-Tranquilo, he pedido refuerzos -Marga sonrió.
-¿Refuerzos? ¿Que...? -Javrik frunció el ceño.
-¡¿Que hacéis?! -Ewan gritó acercándose a ellos.
-¡Shh! -Moira le hizo un gesto con la mano y el frunció el ceño.
-¿Qué? -Ewan se acercó y observo el interior, negó con la cabeza al ver a su hermano.
-¡Iona!-Marga gritó en voz baja, agarrando de su hermana y tirando de ella, arrastrándola.
-¡Bruta que me tiras! -Moira se libró de su agarre y corrió tras ella.
-¿Donde...? -Logan frunció el ceño al ver a su mujer corriendo.
-¿Vais? -y Sloan observo a ambas hermanas ignorarles y seguir su camino.
Cuando las gemelas llegaron a la biblioteca acorralaron a Iona.
-Ahora estamos solas -Marga se cruzó de brazos -Dinos la verdad.
-Kristal no regresara a casa ¿verdad? -Moira la miró fijamente.
-Ella ya está en casa -y cuando Iona respondio, las dos suspiraron.
-Mierda -Marga negó con la cabeza -Hay que preparar a papa.
-¿Prepararle? -Moira la miró como si estuviera loca -Yo cojo a mi hija y mi marido y me largo. Que cuando estalle la tormenta yo esté lejos.
-No seas cobarde -miró a su hermana molesta.
-Ey -Javrik entró a la sala sonriendo -Creo que tus refuerzos acaban de llegar.
Y cuando los tres regresaron a la habitación de Duncan, el abuelo estaba presentando a Dun a su hermanita y a su nueva prima.
Asentamiento al sur
-Vamos, se que estas cansado -Kristal empujo el cuenco hacia sus labios -Pero tienes que beber un poco más.
La puerta de la casa se abrió y Kerten entró, caminando despacio, observando como ella le daba de beber.
-¿Como esta? -Se paró a unos pasos, observándole.
-No ha pasado muy buena noche -suspiró, dejando el cuenco con la raíz hervida a un lado e incorporándose -Le subió la fiebre pero la controle, el veneno está remitiendo pero su cuerpo está muy cansado. -alzo el brazo para acariciar su cuello con la mano, mientras movía la cabeza de un lado al otro -Aun me queda hacerle por lo menos dos curas mas y cicatrizare la herida con Fuego de Madre.
-Debes descansar, una de las mujeres ha ofrecido su casa para que te asees comas y duermas -Kerten la miró -Yo me quedaré con él.
-No voy a ir a ningún lado -Kristal le miró con el ceño frunció.
-Sabia que dirías eso -el suspiró -Por eso pedí que te trajeran una bañera, algo de ropa y comida.
-¿Como están los hombres? -Kristal se acercó a la mesa, donde estaba su bolsa con todas sus medicinas -¿Alguno necesita que le revise?
-Solo necesitan comida y descanso -y entonces él se acercó a ella y le tomo la mano, observando el brazo -Te has quitado la venda.
-Esta cicatrizando muy bien -Kristal miró el corte que surcaba su piel -Dejara marca.
-La marca de la vida de nuestro futuro Laird -y él soltó su mano mirandola -Le has salvado la vida, en dos ocasiones. -sonrió levemente -Los hombres se preguntan...
-¿Como se usar una espada? -ella se sentó riendo -¿Tan débil os parezco?
-Al contrario -negó con la cabeza -Sois una mujer muy fuerte. Pero transmitís tanta paz, tanta tranquilidad. Nos extraña tanto...
-Nunca me han gustado las armas -sonrió pensativa -Pero era imposible decirle a mis hermanas que no aprendería con ellas. Y ahora les tengo que agradecer todo lo que me enseñaron.
-Él nunca permitió que alguien se acercara tanto -Kerten habló mirando a Aidan, tumbado en la cama. -Y cuando llegaste todo cambió. -la miró.
Unos golpes en la puerta hicieron que ambos se levantaran. Una mujer entró con una bandeja con caldo, carne, pan y fruta. Seguida por otra con unos vestidos doblados en sus manos.
-Espero que sean de vuestro agrado, señora -la mujer deposito los vestidos junto a Kristal.
-Os lo agradezco mucho -ella miró los vestidos y asintió.
-Come algo -Kerten señaló la bandeja.
-Ahora -y ella tomo el cuenco con el caldo y se acercó a la cama, sentándose junto a Aidan e incorporándole la cabeza para que bebiera.
Kerten la observo sonriendo levemente, finalmente salió de la casa, cruzados con los hombres que introducían una pequeña bañera de madera y cubos con agua caliente.
Kristal consiguió que Aidan se tomara el caldo y entonces se sentó a la mesa y comenzó a comer, observando el humo de la bañera elevarse. Sus ojos se fijaron entonces en las alforjas de Aidan. Las que había quitado al caballo y trajeron anoche.
Se levantó y se acercó a ellas. Dudo unos instantes, pero finalmente abrió una, para encontrar un par de manzanas, dagas y cuerda. Abrió la otra y sacó las pieles que tantas noches la habían cubierto y su ceño se frunció, al ver un corte en la piel de la alforja. Sus dedos se movieron, rozando el corte y notaron algo dentro. Sacó un papel, muy bien doblado.
Miró a Aidan, aun durmiendo en la cama y de nuevo al papel en su mano. Con cuidado lo desdoblo y sus ojos se quedaron fijos, en aquel dibujo.
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Su corazón golpeo con tanta fuerza, que pensó que se saldría de su pecho. Con los dedos trazo el dibujo, su rostro, su pelo, sobre el papel.
La puerta se abrió despacio y una mujer entró con una cesta, con jabones.
-Son jabones que hacemos nosotras señora -la deposito junto a la bañera -¿Quiere que la ayude a bañarse?
-No, no es necesario -doblo el papel, guardándolo de nuevo en la alforja -Gracias.
Y cuando estuvo de nuevo sola, se acerco a la bañera y sumergió la mano en el agua, cerrando los ojos ante su calor. Desató su pelo y giró el rostro para mirar a la cama, cerciorándose de que dormía, entonces deslizó el vestido por su piel.
Con cuidado, se introdujo en la bañera y se sumergió en el agua, suspirando. Tomo el jabón y comenzó a lavar su piel.
Aidan MacCarty inspiró aire, abriendo levemente los ojos. Su rostro se giró, como si supiera donde estaba ella y vió su espalda, su pelo mojado, el agua resbalando por su piel. Sus ojos recorrieron sus manos, extendiendo el jabón por la pierna alzada, fuera del agua.
Y de nuevo se sumió en el sueño, pero esta vez con la imagen de su piel en su cabeza.