Capitulo 13: Perseguido

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Caminaba por el pasillo tan centrado en sus pensamientos, que no fue consciente de su presencia hasta que estuvo a unos centímetros de él. Hasta que el olor de su fragancia le inundo la nariz y como un idiota aspiró profundamente, llenándose de ella.

Miró al frente, viéndola parada ante él, con el pelo recogido a un lado, cayendo sobre su hombro, formando una cascada sobre el vestido malva que llevaba y logrando que lo siguiente que mirara, fuera el escote, ese escote que resaltaba sus pechos. Tragó saliva, sintiendo la tensión de su propio cuerpo, sintiendo su lívido subir, como si fuera un maldito muchacho inexperto. En eso se había convertido, en eso le había convertido Clere MacClain. Tenerla bajo su cuerpo, sentirla tan pegada a él, poder acariciar su piel, besarla, lo volvió tan loco que hizo que se derramara en sus propios pantalones. Como un muchacho inexperto, algo que él no era.

Apartó la vista de su escote, mirando su rostro y frunció ligeramente las cejas. Sonreía, ella estaba tan tranquila, sonriendo ante él. No, le gritaba, no se apartaba, solo, sonreía.

-¿Has dormido bien Lucien? -y cuando ella habló, su ceño se frunció mas al notar cierta diversión en su voz.

-Si -su voz sonó ronca, carraspeó -Muy bien, gracias.

-Yo no -dio un paso hacia él sonriendo haciendo una leve mueca -Tenia frío -alzó la mano colocándola en el vientre de él, sonriendo al ver como Lucien inspiraba aire profundamente. Se puso de puntillas, bajando la voz -Si hubieras estado a mi lado, me podría haber dado calor -y al tiempo que hablaba, movía las manos subiendo por su pecho hasta sus hombros.

-Clere -Lucien tragó saliva, mirandola a los ojos, después a los labios -Estamos en el maldito pasillo.

-Si -y ella se mordió el labio lentamente -En el pasillo estamos.

-Podría venir alguien -habló en un susurro, sintiendo como ella pegaba su cuerpo al de él -Podría vernos.

-Si, podrían venir y vernos -y apoyada contra su pecho, alzó mas el rostro inclinando la cabeza hacia atrás, dejando sus labios a su alcance.

-Mierda -y los brazos de Lucien se movieron con rapidez, tomando su cintura, abrazándola contra él mientras sus labios se cernían sobre los de ella, con necesidad. Los beso y mordisqueó, haciendo que un leve gemido brotara de la garganta de ella.

-No tardaremos mucho -La voz de Ewan llegó hasta ellos -No vamos a sentarnos a desayunar con la ropa de montar.

-Seremos rápido cariño -la de Alexander fue la siguiente.

-Está bien -la voz de Eara se escucho alejándose.

-¡Pero daos prisa! ¡Quiero un desayuno todos juntos! -Helen habló, alejándose.

Lucien se apartó de Clere rápidamente, mirando a su alrededor, con los brazos sosteniendo los hombros de ella. Su ceño se frunció viendo la venta a su derecha, entonces miró a la izquierda y vio una puerta. La soltó, corrió hacia ella, abrió y entró cerrando rápidamente.

-¡Lucien! ¡Esa es la habitación de...! -Clere gritó en voz baja, pero cerró la boca al ver a su padre y Alexander girar por la esquina del pasillo, caminando hacia ella.

-Buenos días cariño -Ewan se acercó a su hija.

-Hola papa -dio un beso a su padre y miró a Alexander -¿Fuisteis a cabalgar?

-Si, hace un día estupendo -Alexander asintió -Kirk y Elsepth quieren salir después de desayunar, quizás quieras unirte a ellos.

-Me encantara -Clere asintió.

-Baja a desayunar, ahora bajamos nosotros cielo -Ewan acarició la mejilla a su hija y se dirigió hacia la puerta de la habitación.

-¡Papa! -Clere gritó y vio como ambos hombre la miraban, frunciendo el ceño. -Eh, ¿Por qué no te quedas con esa ropa y vienes con nosotros después?

Los Hijos de Las Highlands.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora