Escuchó la puerta, pero no miró hacia alli. Escucho el sonido de las botas, golpeando el suelo, sus pasos, adentrándose en la habitación.
-¿Vas a seguir sin hablarme? -Kurgan se cruzó de brazos, observándola sentada en la cama, con el rostro girado hacia otro lado. -Reconoce que te ganaste el castigo, me golpeaste con una maldita sartén. -esperó unos segundos y entrecerró los ojos -Estas actuando como una mocosa, claro que no se le puede pedir más a la Diabla. -sonrió levemente, rodeando la cama, parándose ante ella -¿Sabes? No creo que aguantes mucho ahí tumbada, quietecita. -se quedó mirandola y apretó los puños, miró el vestido que había en la cama -Tengo a los padres de la chica a la que ayudaste abajo, deseando agradecerte la ayuda. -volvió a mirarla -Ponte el vestido. -se giró y caminó hacia la puerta, pero el sonido de la tela rasgándose hizo que se parara, sonrió unos segundos, para volver a esconder su sonrisa tras el rostro serio y se giró para mirarla, alzó una ceja viendo como ella mirándole con altanería terminaba de rasgar el vestido por la mitad y lo dejaba caer en la cama. -Como quieras, tengo muchos más para ti. Hare que te traigan otro. -y abrió la puerta -Tienes diez minutos, después Lean vendrá por ti.
Y la puerta se cerró.
-No sabes con quien estás hablando MacCarty -Ayleen observó la puerta fijamente.
A los pocos minutos, Mirna entró a la habitación, dejando el vestido sobre el asiento a su lado.
-No estoy de acuerdo con la manera de proceder del Laird -Mirna la miró fijamente -Pero tu muchacha tampoco lo estas poniendo fácil. Si te pararas a pensar con calma las cosas, quizás descubrirías mucho. -y se guitó y salió de la habitación.
-Ya he descubierto muchas cosas -saltó de la cama, acercándose al asiento y tomando el vestido para rasgarlo sonriendo -Y la más interesante de todas, es que a Kurgan MacCarty le irrita mucho mas que le ignore.
Dejó las telas caer al suelo y se sentó en el sillón, mirando hacia la puerta.
El sonido de la madera al abrirse retumbo en la habitación, despacio la puerta se fue abriendo y una espada se pudo vislumbrar en primer lugar para después ver la cabeza de Lean mirando precavido hacia la cama y abriendo los ojos alarmado al ver que ella no estaba alli.
-Sabes que la espada tampoco te serviría de mucho ¿no? -cuando ella habló, el dio un salto, soltando la puerta pero volviendo a sujetarla, pegándola a su cuerpo, como si así pudiera impedir que escapara -Oh, no voy a hacerte nada. -rodó los ojos, se levantó del sillón y pisando las telas del vestido caminó hacia él, parándose ante la puerta -¿Vamos?
-¿Eh? -Lean la observó dudoso unos segundos, después frunció el ceño -¿Y el vestido?
-Un pequeño accidente -y sonriendo ella señaló el suelo, donde se encontraban las telas. -¿Nos vamos ya o vas a quedarte observando la habitación?
-Si -abrió la puerta, apartándose para saliera, pero aun sujetando la espada en su mano.
-Puedes guardarla, no voy a atacarte -y Ayleen cerró la puerta y caminó ante él tranquilamente -Ya he comprobado que no podre escapar de momento. -giró el rostro para mirarle, mientras caminaba por el pasillo -Así que hasta que se me ocurra algún plan de espada, me estaré tranquilita.
-No sé si es eso es un alivio o una preocupación -Lean frunció el ceño guardando la espada en su cinto -Supongo que depende del lugar en el que este yo cuando decidas realizar tu nueva huida.
-Lo siento -ella habló haciendo una mueca -No me caes mal Lean -frunció el ceño -No del todo, tienes un par de cosas en contra pero...
-¿Un par de cosas en contra? -aceleró el paso colocándose al lado de ella.
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Los Hijos de Las Highlands.
RomanceSECUELA DE LA SAGA HIGHLANDS. PROXIMAMENTE Se recomienda leer antes la saga Highlands (La Guerrera, El Invencible, La esposa, El Conde, La Duquesa, El Laird y La Bruja) Este libro recoje las historias de sus hijos, de los descendientes de los clan...
