Capitulo 8: La barca

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Caminó por el jardín mirando a su alrededor, se paró a unos metros, observandola, atender las flores. Suspiró, se acercó despacio, tratando de no hacer ruido, se paró tras ella a unos pasos, abrió la boca y la cerró. Frunció el ceño, inspiró aire profundamente y sus labios se movieron de nuevo y nada salió de su boca.

-¿Vas a hablar o permanecerás mirando como cuido las flores muchacho? -Diane hablo sin girarse hacia él, moviendo las manos en la tierra para terminar de plantar.

-Yo, eh...-frunció el ceño, intentando pensar.

-Si vas a estar ahí parado ayúdame -se giró hacia él y señaló la regadera -Tráemela.

-¿Eh? Si-y se acercó a tomarla y acercarse a ella, frunció el ceño al ver como retiraba sus guantes y se incorporaba.

-¿A qué esperas? Riégala -señaló la planta mientras se acerca a dejar los guantes sobre su seto y le miraba regando las plantas.

Lucien regó la flor que acababa de plantar, aun con el ceño fruncido y al acabar se giró hacia ella y la vio observándole.

-¿Y bien? -alzó una ceja -No tengo todo el día.

-Creía que estaba de mi parte -se sintió como un niño pequeño reclamando a su abuela por haber tomado partido del lado de otro.

-¿De tu parte? -Diane se acercó sonriendo -Yo estoy de parte de mi nieta muchacho. -su rostro se volvió serio -Y si la haces enfadar, me enfadas a mí. Y eso, no te conviene. -y se giró y se marchó caminando con la espalda recta.

-Genial -Lucien miró a su alrededor.



-Bien, montaran dos carpas en aquella zona -Helen habló caminando por el jardín- Y pondrán asientos bajo ella para resguardarse del calor.

-Y hará mucho por lo que veo hija-Diane se acercó a ella -Habrá que asegurarse de que el servició tenga bien cubierta la sed de los envidados. Demasiados hombres juntos.

-Ewan ya se ha encargado de esconder sus reservas de la bodega -Helen habló sonriendo. -miró a su alrededor -¿Has visto a mis hijas?

-Han ido al jardín, querían ver las nuevas flores que planté -Diane observó la fuente -¿La pondrás en funcionamiento?

-Sera refrescante tener agua cerca -Helen asintió.


-¿Por qué estas enfadada con Lucien? -Davinia preguntó mirando a su hermana de reojo, caminando por el jardín.

-No estoy enfadada -giró el rostro para mirarla -¿Por qué piensas eso?

-No estoy enfadada -giró el rostro para mirarla -¿Por qué piensas eso?

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-Por cómo le miras -y ella sonrió -Si pudieras matarle con la mirada...

-Es que es desesperante -Clere frunció el ceño, intentando encontrar la razón concreta por la que tenia la necesidad de matarle.

Los Hijos de Las Highlands.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora