CAPITULO 62:POR UN RATITO

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Nunca quiero ni pensar que tus ojos me dejen de ver, no encontrarás amor que como yo te sea siempre fiel. Júrame que me veré siempre en tus ojos. Bésame con tus labios dulces, sabor a miel, que a tu lado sólo quiero estar. Y no hay quien me llene de tanta ternura, con tu amor puedo llegar hasta la luna. Escúchame, no me dejes de querer... sólo te pido: no me dejes de querer.

Y recordaba aquellas palabras y sonreía tontamente al verlo tumbado junto a mí. El reloj marcaba las tres de la tarde de un día domingo. El sol brillaba emanando destellos de luz, y nosotros dos estábamos dentro de mi habitación. Él, como siempre, enredado entre las sábanas con fiebre. Yo apoyada contra el cabezal de la cama y mi computadora portátil sobre las piernas, intentando escribir alguna novela digna. Hacía ya dos días que Peter había enfermado. Sólo dormía y en pocos momentos deliraba por la fiebre, debido a lo cual se había instalado en mi casa. Se suponía que mis mimos surtirían un efecto más rápido que los de su mamá. Yo seguía tecleando con velocidad al tiempo que él gruñía.

-Lali- logró esbozar.

-Sí amor, acá estoy- dije dejando el ordenador sobre la mesita de luz. -¿Qué tenes?

-Tengo... tengo mucho frío- lo arropé lo más que pude para luego revolver en mis cajones en busca de un termómetro. Lo agité hasta que la línea de mercurio bajase por completo y lo dejé bajo su brazo.

-Voy a buscarte un te y vuelvo ¿si?- pero no me contestó. El sueño lo vencía.

Fui escaleras abajo y preparé un té con limón con una cucharada de miel. También se había hecho adicto a eso. Preparé otro para mí, pero de frutilla. Volví a mi dormitorio y Peter seguía zambullido en su sueño.

-Mi amor- le susurré. –Despertate Pitt- y sólo me gruñó. Saqué el termómetro de su axila, sin que él me ayudase, y marcaba treinta y ocho grados de temperatura. Era bastante fiebre. – Toma Peter... te hice un tesito- dije zamarreándolo para que despertase de una buena vez. A regañadientes se incorporó apenas y al tiempo que gruñía con voz casi inaudible tomaba largos sorbos del té caliente. Yo lo imité y me quedé tumbada en la cama con tasa en mano y computadora sobre las piernas.

-Haceme un lugar- me reprochó y quitó el ordenador del medio. Me rodeó la cadera con un brazo y hundió su cabeza sobre mi panza. Me pidió que lo arropase más para quedar, por segunda vez, completamente dormido.

Eran las cinco de la tarde cuando mi celular sonó y me vi durmiendo con Peter enredado en mi cuerpo. Sin abrir los ojos busqué el telefonito perdido entre las sábanas.

Mensaje de texto de "Can"

¿Vamos de shopping? Las chicas ya están en casa.

Mensaje de texto para "Can"

Tengo a Peter en cama completamente dormido, tiene bastante fiebre.

Mensaje de texto de "Can"

Probablemente duerma toda la tarde, La... ¡venite un rato!

Lo cierto es que tenía ganas de pasar una tarde con amigas. Me cercioré la hora en que debía tomar otro paracetamol para que por fin la fiebre bajase. Apreté mis labios contra su frente y la sentí tibia, le estaba bajando. Me vestí rápidamente y salí de casa, pero sin antes de haberle dejado una nota a Peter.

Amor: me fui de shopping con las chicas, son las 17:30. Cualquier cosa que necesites le pedís a mamá que está en el quincho con papá y unos amigos. Dejo el celular prendido por las dudas. Te veo cuando vuelvo, te amo. Lali.

Esa tarde fue increíblemente sensacional. Reí como hacía tiempo no sucedida, disfrutando de la holgura de mis amigas y su desfachatez, que también era la mía. Sí que la pasábamos de maravillas cuando estábamos juntas. Volví a casa cerca de las ocho de la noche. Peter había tomado un baño de vapor para acarrear con cualquier tipo de bacteria dispuesta a acabar con su organismo. Cenamos dentro de la cama y dormimos como angelitos abrazándonos mutuamente.

AMORES PERROSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora