CAPITULO 41: VOLVERTE A VER

94 0 0
                                        

Me había dedicado a meditar todo el fin desemana la propuesta de Rocío. Yo también laextrañaba. Extrañaba pasarla a buscar cadamañana y llevarla cada mediodía. Extrañaba surisita contagiosa. Su ganas de cursar cadamateria. Lo apasionada que se volvía ante elestudio. Mi ruptura con Lali me había quitadotodo aquello, de lo que verdaderamentedisfrutaba. Finalmente había decidido volver acursar por la mañana. En el trabajo no huboproblema alguno respecto al cambio de horario.Trabajaría toda la tarde, como lo hacía antes dehaberme separado de Lali. Ese mismo lunes cursépor la tarde. Me quedé después de hora parasolicitar el cambio del turno. No era un papeleríosimple, pero una buena sonrisa torcida a Graciela,la secretaria de Filosofía y Letras, haría unaexcepción. Rocío me torturaba cada media hora,teléfono mediante, persuadiéndome para quevolviese con ella. Tenía bien en claro los pro ylos contra de mi retorno. El punto más doloroso,quizás, y ante el que menos preparado estabafísica y mentalmente era volver a ver a Mariana.Aquel lunes llegué al departamentocompletamente extenuado. Me llevé a casa variosescritos para seguir trabajando allí con mayorcomodidad. La única comodidad que te brinda tupropio hogar. En el contestador sólo habíamensajes de Vale y Nahuel preguntándome sobremi cambio de decisión. Y otro tanto de Rochiatormentándome, como de costumbre. Tomé elteléfono y esperé que del otro lado contestasen. 

-¿Hola?-¡Gas! Soy Pitt.

 -¡Peter! ¿Cómo va macho? 

-Bien, agotado... recién llego del laburo... ¿estásocupado? 

-Nada de eso... estoy tocando la guitarramientras espero a Rochi para cenar- dijo riendo. 

-Gas... esto... te llamaba para contarte que... alfinal me cambié de turno... 

-¡Bien Pitt! ¡Bien!- me alentó. Pude notar que sualegría era sincera. 

-Esto... para serte sincero... quiero salircorriendo- dije nervioso. Él se echó a reír.

 -¡Tranquilo Pitt!... Fue la mejor decisión quepudiste haber tomado... Rochi se va a morircuando se entere... y... y la Enana... me imaginola carita de feliz cumpleaños que va a ponerdijo. Sentí cómo se arrepintió de habermenombrado a la Enana. ¡Cómo extrañaba abrazar ami Enana! 

-Por eso te llamo... no le digas nada a Rochi...quiero darle una sorpresa- dije con una sonrisade oreja a oreja. Pude imaginarme su grito defelicidad al verme en la facu junto a ella.

 -¡Claro! ¡Contá con eso Peter!... a cambiomañana estás obligado a llamarme y contarmeque carita puso cuando te vio y todo lo sucedidocon Lali.

 -Gas... no va a pasar nada con Lali... no tiene porqué pasar algo... 

-Si vos lo decís...-me interrumpió llevándome lacontra. 

Corté el teléfono y tomé una ducha. El díasiguiente sería completamente agotador, sobretodo para mis emociones que últimamente sufríanuna inestabilidad crónica.Aquella mañana desperté de mal humor, como erahabitual en mí desde que Peter lo había dejadoconmigo. No existían grises ni blancos en mi vida.Todo era negro. Oscuro. Mis amigos seempeñaron en apabullar mis pensamientos, peronada, absolutamente nada me había hecho olvidarla herida a sal que había causado al corazón dePeter. Incluso el día que aprobé LiteraturaNorteamericana, no fui capaz de esbozar unasonrisa. Incluso habiéndome sacado un diezabsoluto. Me vestí sin ánimos de llamar laatención. Quería pasar lo más desapercibidaposible en la facultad. Que nadie me señalasecomo la chica que había engañado a su novio conel compañero de facultad. Aunque aquello nohubiese sucedido nunca. Pero Cande tenía razón,lo había engañado con el sólo hecho depermitirme sentir una confusión por Felipe, pormínima que esta fuese. Luli también habíaaprobado con diez Literatura Norteamericana ycomo regalo sus viejos le compraron un auto. Demodo que ella era ahora la encargada de llevarmey traerme de la facultad. Esa era mi vida. De casaa la universidad, de la universidad a casa. Salíaesporádicamente con mis amigos por la noche.Generalmente se la pasaban todas las tardes encasa tratando de provocar una sonrisa en mí. Pormínima que esta fuese, ellos hacían un festín. Esosí me hacía reír con ganas.

AMORES PERROSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora