CAPITULO 26: VOS Y YO

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La habitación se encontraba completamente aoscuras. No tenía el cien por ciento de visibilidad.Mi cuerpo estaba rígido. Noté que sostenía a Lalicon fuerza, como si fuese a escaparse. Ella merodeaba con un brazo por debajo de la sábana.Giré para poder ver la hora y todos los huesosme crujieron. El reloj marcaba las diez de lamañana. Traté de salirme de allí sin despertarla.Transmitía demasiada paz como para sacarla desus sueños. 

Cuando salí del baño me dirigí a lacocina. Preparé un desayuno. No era una ocasiónespecial pero sentía la necesidad de agasajarlacon algo, por pequeño que fuese. Quería quesintiera lo mucho que la amaba y necesitaba. Alcabo de media hora tenía todo listo y volví a mihabitación con bandeja en mano. Esquivé todotipo de obstáculo dispuesto a entorpecerme.Caminé haciendo malabares. Dejé la bandejasobre la mesita de luz y me dispuse adespertarla. Me tumbé junto a ella por encima delas sábanas. Comencé a darle besos cortitossobre uno de sus brazos que quedaba aldescubierto. Ascendí de aquella forma por suespalda hasta llegar a mi objetivo: su cuello. Losbesos a lo vampiro la volvían completamenteloca. De su garganta salían sonidos inentendibles.Señal que se estaba despertando.

 -Hola princesita- le susurré al oído. 

-Mmm- esbozó. Me causaba gracia. 

-Vamos mi amor... es hora de levantarse... tepreparé un desayuno- dije dándole un besoruidoso en la mejilla. 

-Mmm... no- dijo tapándose con la sábana hastala cabeza. Podía imaginar su sonrisa. 

-¿Queres que te deje dormir un poquito más?-dije tomándola por la cintura por encima de lassábanas. 

-Sí- sentenció como si fuera una nenacaprichosa. Dejé un beso sobre su frente y salí dela habitación. Amaba malcriarla y cumplir todos ycada uno de sus caprichos. 

Me dirigí hacia la cocina con bandeja en mano.Dejé todo allí y me tumbé en el sillón para vertelevisión. No podía pretender un programaentretenido un miércoles a las diez de la mañana,por lo que opté por leer algunas fotocopiasacumuladas que tenía sobre Epigrafía.Seguía sumergido en mis apuntes. No vi a Laliacercarse a mí. Se paró a un costado del sofádoble. Tenía el pelo revuelto. Los ojos achinados.Se fregaba los pies con torpeza. Estaba envueltaen el cubrecama. Le regalé una sonrisa torcida ydejé mis fotocopias a un lado. 

-¿Seguís dormidita?- dije extendiéndole la mano. 

-Sí- dijo con la voz grave tomándome la mano.

 -Veni aca chiquitita- dije sentándola sobre mí.Quedamos los dos recostados. Ella se acurrucóen mi pecho, yo le acariciaba el pelo. 

-¿Dormí mucho más?- me preguntó pacífica. 

-No... apenas una horita- dije. 

-Gracias por el desayuno que no tomé... es queno podía despertarme- dijo levantando su miradapara encontrarse con la mía. 

-Sí me di cuenta... sos muy, muy dormilona. 

-Sí- dijo sonriente. Permaneció unos momentoscallada y alzó la vista. 

-Pitt...-Mmm- esbocé.

 -¿Me abrazas?- dijo. 

-Te estoy abrazando, amor. 

-Pero así no... abrazame fuerte... como me hacessiempre- dijo. 

Y de repente todo mi mundo quedópatas para arriba. Todo se redujo a ella. A ella ya su mirada. La tomé de la cintura y procurésubirla apenas. Ella estaba acostada sobre micostado izquierdo. La apreté contra mi cuerpocon los dos brazos. Ella hundió su cara en micuello. 

-¿Qué tenes nenita? 

-Nada... sólo quiero que me abraces fuerte. 

-¿De verdad estas bien? ¿No me estas ocultandonada?- dije dándole un beso en la cabeza. 

-De verdad... solo quiero quedarme así un rato...solo vos y yo... así, abrazados y en silencio- Alcécon mi mano su mentón y la besé brevemente.Nos quedamos tumbados en aquel sillón hasta elmediodía. 

Mientras Lali tomaba una ducha fui conel auto hasta un lugar de comidas rápidas. Noquería perder el tiempo cocinando. Me preguntémás de una vez si Lali se encontraba bien. Admitoser bastante fatalista. Quizás sólo se habíalevantado más mimosa que de costumbre. Entré aldepartamento y ella seguía en el bañocambiándose. Preparé todo en la mesita ratonadel living. Me senté sobre el sofá a esperarlamientras encendía la televisión.

 -Wow... que linda estás- dije boquiabierto.

 -¡Ya! Estoy igual que siempre- dijo mirando sucuerpo. 

-Por eso... linda como siempre- dije con unasonrisa. 

–Veni acá a darme un beso- Ella seacercó a mí lentamente sonriente. Tomó mi caraentre sus manos y me besó con dulzura.

 -Te amo- susurró sobre mis labios. Sólo esbocéuna sonrisa tonta. Se sentó sobre mis piernas yme miró fijamente.

 -Si que da miedo esa carita- dije divertido. 

-Quiero mantener unas palabritas con vos. 

-¡Uh! Que mal ha sonado eso- dije poniendo carade circunstancia y de angelito por si luego veníaun reto. 

-Quiero que me expliques este temita- dijotocando mi pelo corto. -¿Qué pasó? ¿Tuviste unbrote psicótico y te la agarraste con el pelo? 

-¿No te gusta?- dije.

 -No es que no me guste... pero ¿por qué? Megustaba tu pelo largo. 

-¡Ya! ¿Vos solo me queres por el pelo? Porquecaía así, lacio... 

-¡No!- me interrumpió con un grititoensordecedor. 

-¿Entonces?

 -Sí que me gusta... te hace más hombre- dijosoltando una risita. 

-Fue por el calor... me molestaba un poco... asíque papá hizo un trabajo impecable- dijeorgulloso de mi pelo rapado.Nos quedamos allí almorzando al tiempo queveíamos una serie en televisión que a Lali leencantaba. Yo sólo me dediqué a contemplarla.Cada tanto largaba una carcajada espontánea ycuando quería darme cuenta estaba riendo yotambién. Amaba verla feliz. 

Mientras Lali seguíaconcentrada en su programa recogí todo lo quehabía sobre la mesa y me quedé en la cocinalavando. Antes de que pudiera terminar sentí queme abrazaba por detrás y me dejaba besos en laespalda. 

-Sos como de esos aparatos multifunción- dijocontra mi espalda. 

-¿Viste? Soy perfecto para cualquier mujer- dijecanchero. 

-¡Ya! ¡Te pasas de chanta!- me gritó. Sabía queseguía sonriendo. Cerré la canilla y me giré parapoder tomarla por la cintura. 

-Hola novia- dije rozando mi nariz con la suya.

 -Hola novio- dijo con una sonrisa amplia, y medio un beso.

 -¿Sabes lo que estaba pensado mientraslimpiaba?- dije pícaro.

 -A ver... 

-Ya hicimos el amor en la ducha, montones deveces en el cuarto... nos faltaría el living y lacocina... creo que es una buena oportunidad- dijeenarcando las cejas. 

-¡Como te gusta aprovechar el tiempo a vos eh!-dijo mientras reía.

 -Yo sólo decía- dije fingiendo pena. –Pero claro,no estas obligada a hacer lo que no quieras- dijevolviendo a girar para quedar de espalda a ella. 

Ni lerda ni perezosa, ante aquel comentario, meescabullí entre Peter y la mesada de la cocina.Me sonrío con picardía y me lancé a su boca altiempo que le quitaba la remera. Me tomó de lacintura y en un solo salto ya estaba sentadasobre la mesada. Rodeé con mis piernas sucintura y seguí besándolo. Se separó de mislabios abruptamente y le eché una miradaasesina. Me sonrió de lado y atacó mi cuello altiempo que enredaba su mano en mi pelo. Esatarde comenzamos en la cocina y acabamos en elsillón del living.   

AMORES PERROSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora