Capitulo 81 - Lámparas que titilan

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Cincuenta y tres.

Cincuenta y cuatro.

Cincuenta y cinco.

A cada nuevo paso que daba, Dany contaba otro numero. El barro se aferraba al cuero de su bota, arruinando la fachada de la guerrera impoluta. Su armadura, su capa, su cabello. Todos estaban lejos de la gloria con la que partieron. Incluso si lo unico que estaba sucio era su calzado, aún sentía el olor a muerte y cenizas previos a que los sirvientes de lord Staunton pulieran, lavaran y perfumaran su atuendo. Sin embargo, no quería que su madre la viera afectada por tanta destrucción. Nadie podìa hacerlo.

Quizás nunca se lo habìa dicho, pero Dany conocía la verdad: En esta guerra, en el bando de su madre, ella ya no era su hija. Era un soldado. Un arma.

Cincuenta y seis.

Cincuenta y siete.

Cincuenta y ocho.

Sabía que Jace jamás sería algo así para su madre. No solo su seguridad vendría primero ante la reina - pues se trataba de su heredero - sino que también lo haría su bienestar... Y su vida. Por más que su hermano así no lo quisiera, por más que peleara con dientes y garras para que sea su pecho en el que dieran las flechas y no el de la mujer que amaba, al final, la reina siempre lo pondría antes que ella.

Daenyra aún se debatía si conociendo de su embarazo, Jacaerys lograría morir en su lugar a pesar de todo.

Cincuenta y nueve.

Sesenta.

Aún no le había dicho. No creía que fuera el miedo por perder otro e, ni mucho menos que él quisiera estar ahí para ella siempre que lo necesitara - tal y como con Rhaellon-. Carecía de locura el creer que su segundo vástago no e sino otro motivo para que el e no viera la derrota en la guerra como e. Llegara a tratarse de la niña que èl siempre deseó, y estaba segura de que no permitiría que ninguno de sus cabellos fuera tocado.

En verdad, no sabía por qué no le habìa dicho. O peor, lo sabía y no quería admitírselo a sì misma.

Por eso contaba sus pasos. Para mantener su mente ocupada y su boca cerrada. Ahora que estaban solos y que no se dedicaban a enredarse uno con el otro, ahora que Rhaenys sugirió descender antes que sus nietos para tantear el terreno con la reina antes de que su hija abandonada y el príncipe que había escapado lo hicieran, la oportunidad aparecía frente a ella.

Sesenta y uno.

Y no podìa hacerlo.

Sesenta y dos.

Sesenta y tres.

Sesenta y cuatro.

Sesenta y cinco.

Tu papá deberá esperar para saber de ti, pequeño dragón, pensó aquella mujer, controlando con todas sus fuerzas el impulso de llevar su mano a su vientre y acariciarlo con la misma gentileza que dedicaba a su pequeño Rhaellon.

"Mi Dan" su nombre sabía igual de dulce en la boca de Jace ahora que lo hacía cuando a penas eran un par de niños escapando de sus sentimientos. Levantó su barbilla para mirarlo, de pronto consciente de que él se habìa detenido para poder acercarse a ella. "No tienes nada que temer. Todo estará bien, ya lo verás".

La sangre de Dany se heló. De pronto, fue muy consciente de su cuerpo, de la posición de sus manos... Mas estas no estaban en su vientre. Se encerraban alrededor del mango de las dagas en su cinturón.

"No tengo miedo, hermano. No conozco tal cosa" respondió entonces, pasando completamente por alto los mordiscos nerviosos en su labio inferior.

"Tu boca dice algo, pero me muestra otra cosa" de pronto, los dedos del joven fueron a parar hacia donde el pequeño tic nervioso aparecía. "No entiendo cómo pretendes mentirme cuando te conozco desde que naciste, Dan".

𝗧𝗥𝗘𝗦 𝗖𝗢𝗥𝗢𝗡𝗔𝗦 || 𝘑𝘢𝘤𝘢𝘦𝘳𝘺𝘴 𝘝𝘦𝘭𝘢𝘳𝘺𝘰𝘯Donde viven las historias. Descúbrelo ahora