Capítulo 88 - Una para ser una asesina

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Rhaenyra Targaryen.

Un nombre que alguna vez exitó a los más galantes caballeros, que hizo hincar la rodilla al suelo a los señores más orgullosos.

Era el nombre de la heredera al trono. La legítima heredera al trono.

Era el nombre de una hija, esposa y madre.

¿Qué era ahora?

Su juventud, pasada. Su trono, usurpado. Su padre y su primer esposo, muertos. Su segundo esposo, a kilómetros de distancia. Sus hijos, fugados.

Veneraban su nombre porque desconocían que lo que los mataba de hambre era el bloqueo de los Velaryon. Rogaban su regreso porque culpaban al falso rey de tanta muerte y enfermedad.

Era reina. Eso le quedaba.

"Haré que sus palabras lleguen a los oídos correctos, su majestad" aseguró Mysaria tras una reverencia lenta, dejando a la mujer de cabello de oro y plata sola con sus pensamientos, el viento salado y el eco de sus botas alejándose hasta adentrarse en el castillo.

El horizonte se pintaba diferente desde que perdió a sus hijos.

Con Aegon y Viserys subiendo a un barco con rumbo a Essos, el recuerdo de los otros tres descendientes que le quedaban asomaban en su cabeza sin descaro alguno.

Como si tuviera un cuchillo clavado en el pecho, respirar pronto le costó. Si por la ira o la angustia, no sabía decir.

Estaban muertos para ella. Aún con sangre en sus venas y un corazón palpitando, sus primeros muchachos estaban muertos. Así vivía su traición.

El heredero al que entrenó para ser mejor monarca que ella, eligió a su puta. El niño al que permitió antrenar con su Guardia Real, robó una espada y escapó con las hijas de Daemon. La reina que nunca fue, montó a Meleys y quemó todos los alrededores del castillo, costándole al menos cuarenta bajas.

Todos tenían una razón en común para traicionarla, para hacerla doler en el pecho como le dolió al ver el cuerpo de su hermano y su madre ser tragados por las llamas.

Todos la eligieron.

Todos eligieron a Daenyra.

Su hijita, la muchacha a la que amó desde que era una débil cría hasta que se volvió una de las mejores guerreras de su tiempo, madre de tres dragones y la favorita de la plebe.

Su hijita, la que disfrutó de abrirle las piernas al Usurpador. La que no hizo nada por vengar a su hermano y hermana. La que prefirió asesinar a sus mensajeros de justicia antes que contribuír a que Helaena sufriera tanto como Rhaenyra sufría.

Eligieron a la golfa traidora antes que a su madre. Les endulzó el oído con mentiras, y sus pobre niños le creyeron.

Ahora su heredero se declaraba rey, y a ella, reina. El Norte le daba la espalda a su reclamo con la misma velocidad que el resto del continente lo hizo. El Norte recuerda, decían, pero encontraban poco problema en olvidar su juramento de lealtad hacia ella el segundo en que Daenyra aparecía en su territorio.

Quizá, su hijita tendría un niño castaño de Lord Strak luego del bebé del usurpador. Después de todo, era buena corrompiendo la mente de los hombres.

Oh, pero todo cambiaría.

Rhaenyra no era nada más que reina. Mataron las partes de ella que no lo eran.

Su mirada volvió a enfocarse entonces en las dos cabezas clavadas no muy lejos de donde ella asomaba, pálidas y con la petrificada expresión de miedo.

𝗧𝗥𝗘𝗦 𝗖𝗢𝗥𝗢𝗡𝗔𝗦 || 𝘑𝘢𝘤𝘢𝘦𝘳𝘺𝘴 𝘝𝘦𝘭𝘢𝘳𝘺𝘰𝘯Donde viven las historias. Descúbrelo ahora