Capítulo 86 - Una para volverse loca

572 64 10
                                        

El vestido no era verde.

Por primera vez, se negó a que lo fuera.

Tanta guerra, tanta muerte, tanta pérdida. Su hija nunca fue verde porque nunca fue guerra.

Bordaba con rojo en su lugar. Rojo, dorado y ápices de negro. Era una Targaryen, después de todo. Merecía que sus ancestros la recibieran como una dragona, no como nieta de una mujer manipuladora y ambiciosa, responsable de todas y cada una de sus pérdidas.

Día y noche pasó asegurándose de que el vestido quedara precioso. Estaba agotada, pero no veía la forma de parar. Pesadillas sobre sus niños la despertarían entre lágrimas y sudor a la hora del lobo. La leña ya se habría consumido y su cuerpo entero temblaría, pero no por el frío norteño.

Bordar se volvió su sentido de vida, al menos por esos dos días. Sin Dany despierta para consolarla o sus pequeños ahí para alegrarla, su vida de pronto se tornó gris.

Gris en su sonrisa.

Gris en su mirar.

Gris cada vez que pisa.

Gris en su hablar.

Cuando pequeña, había leído sobre las pérdidas que la reina Alysanne debió soportar. Desde Aemon y Baelon hasta Daella y Gael. De los trece que tuvo, solo dos sobrevivieron a ella. Siempre se preguntó cómo mantuvo a raya la locura.

Helaena había perdido tres, pero ellos eran su todo.

Lo perdió todo por el verde, por eso lo resentía.

"Hel, te esperan a ti" susurró su hermana de no-sangre en su oído, devolviéndola a la triste realidad justo cuando comenzaba a divagar por su pena.

La pira funeraria era alta, casi de igual altura que ella. Sería difícil prenderla en medio de la nieve de contar sólo con una antorcha para hacerlo.

Dio la orden en un susurro quebrado, llenando sus palabras con el gusto salado de la única lágrima que sus ojos se permitieron derramar. La tela del velo negro que cubría su rostro ondeaba con el viento helado del amanecer, dandole la excusa perfecta para temblar sin que el resto de los señores presentes en el funeral se diera cuenta de la debilidad en su cuerpo.

Y de un momento a otro, Dreamfyre obedeció.

Fueron al menos dos horas las que ardió la pira. Dos horas de olor a carne chamuscada, de ver la piel de su hija volverse músculos, luego huesos, hasta no ser nada.

Para cuando se apagó el fuego, solo quedaban Dany y ella misma. Le sostenía la mano con fuerza, apretando de vez en cuando cinco veces, como si ella supiera qué hacer con tan sencillo gesto.

"Rhaenyra pagará por sus crímenes, hermana" dijo entonces su única amiga, manteniendo sus ojos violetas clavados en el mismo lugar en el que vio a la última sobrina que le quedaba por última vez.

Le había dicho que estaría bien.

Le mintió.

Y no pudo defenderse de la pena cuando se despertó y la noticia llegó a sus oídos. Mucho menos de la culpa.

"Apenas fue un susurro cuando se despidió de mí. Incluso muriendo, se preocupaba por que no me culpara" murmuró Helaena, ignorando por completo la sensación del bosque a su alrededor y volviendo a estar sobre su dragona, huyendo del peligro pero volando sin destino. "Mis hermanos me esperan, mamá. No debes preocuparte porque esté sola o triste, porque ellos siempre supieron cómo alegrarme".

Otra lágrima, la segunda en el día y este acababa de comenzar.

Tragó saliva con dificultad, y un sollozo que no sabía que contenía escapó de sus labios ni bien su lengua lo saboreó.

𝗧𝗥𝗘𝗦 𝗖𝗢𝗥𝗢𝗡𝗔𝗦 || 𝘑𝘢𝘤𝘢𝘦𝘳𝘺𝘴 𝘝𝘦𝘭𝘢𝘳𝘺𝘰𝘯Donde viven las historias. Descúbrelo ahora