Capítulo 87 - Una para ser un monarca

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He rogado antes, no soy una extraña.

He rogado por dragones, por mis hermanos, por mi padre, por mi ma-

...

Rogué, mas nunca me escucharon.

No los culpo, ¿Cómo podría?

Sin embargo, no puedo ignorarlos ahora. No luego de que su crueldad plagara la vida de quienes amo.

Por ello ruego una vez más.

"Una reina que le reza a los antiguos dioses" la voz no logró sobresaltar a Dany. La joven vivía en alerta, a la espera de la próxima amenaza. Solo en los brazos del hombre que amaba podía relevar tal peso de sus hombros y regocijarse en su cálida seguridad.

Ademas, el invierno estaba llegando. El rocío de las mañanas se congelaba en escarcha fina. Los pasos del desconocido habían comenzado a quebrarla varios metros atrás. Sus botas crujían en tanto la distancia entre el par siguiera acortándose.

Y aunque sumida en su rezo -si es que lo que hacía podía llamarse así- Daenyra lo escuchó.

No vio la necesidad de levantarse del suelo. Se mantenía arrodillada, con las palmas de sus manos juntas a la altura de su nariz y la cabeza levemente gacha sobre estas. Sus ojos aún estaban cerrados, su boca aún murmuraba inconscientemente sus pensamientos.

Ruego, porque es inútil enfrentarlos.

Porque mi falta debe ser condenada, pero con un castigo a mi alma, no a las de quienes deseo proteger.

Ruego por paz para ellos, pues en mi corazón solo hay lugar para la venganza.

Ruego por enmiendas para ellos, pues criada soldado solo conozco la guerra y la muerte.

Ruego por sus vidas, para que prevalezcan frente a la adversidad incluso si fueran únicamente posible de sacrificarme.

Ruego. Se los ruego.

"Si tu tatarabuelo te viera cometiendo semejante acto de rebeldía contra los Siete nunca hubiera sido conocido como el Viejo Rey" agregó una vez se detuvo a pocos pasos de su alteza.

El viento frío soplaba tranquilo, acunando las rimas de la princesa y llevándoselas lejos, como si del mensajero de los Dioses se tratara.

Un escalofrío recorrió a Dany. Uno que no se molestó en ocultar.

No estaba en presencia desconocida.

"Si mi tatarabuelo hubiera elegido a Rhaenys en lugar de acobardase en las opiniones de viejos borrachos, nada de esto hubiera sucedido" opinó entonces, aún con los ojos cerrados.

Siendo honestos, Daenyra sabía que sus rezos serían ignorados. Nunca fue una ferviente seguidora religiosa. Tan crudo como sonara, ella sólo buscaba de la paz del manto divino cuando estuviera en apuros, cuando su vida pendiera de un hilo.

Era la primera vez que en la tranquilidad encontraba la necesidad de rezar. Y a Dioses paganos antiguos, de todos ellos.

No sabía cómo hacerlo, pero tampoco le interesaba educarse en el tema. Un ruego era un ruego, y a las deidades siempre les encantaría oírlos.

Por ello, no vio problema en interrumpir tal momento con una respuesta para lord Stark. Seguramente la pausa en sus rezos era la menor de sus ofensas.

Sintió violentas vibraciones en el suelo sobre el que se arrodillaba, por poco haciendo chocar sus piernas con las enormes raíces de aquel árbol de rostro llorón.

𝗧𝗥𝗘𝗦 𝗖𝗢𝗥𝗢𝗡𝗔𝗦 || 𝘑𝘢𝘤𝘢𝘦𝘳𝘺𝘴 𝘝𝘦𝘭𝘢𝘳𝘺𝘰𝘯Donde viven las historias. Descúbrelo ahora