Su niño se acurrucaba entre sus brazos, dormitante.
Todo alrededor de él era cómodamente familiar. El aroma a jazmines de su madre, el calor reconfortante que irradiaba el cuerpo que lo acunaba, el ruido chispeante de las leñas siendo tragadas por el fuego de la hoguera combinado con la misma melodía que lo había hecho dormir durante todo el primer año de su vida.
Sin embargo, Rhaellon parecía intentar resistirse al sueño.
Aferraba sus pequeñas manos a un mechón del cabello de oro y plata de Dany con toda la fuerza que tenía. Lloraría si ella intentara quitárselo, pataleando con la misma fuerza que una cabra terca y gritando hasta vaciar por completo sus pulmones. Al final, la reina Velaryon cedería sus intentos de recostarlo, y volvería a caminar por toda la habitación, repitiendo las mismas notas como las mismas caricias. En el fondo, temía saber la razón de tan inusual capricho.
Temía que, de alguna forma, su niño parecía entender lo que venía.
Parecía entender que quizás esa fuera la última noche en la que sintiera el calor de su madre cerca.
Parecía entender que quizás esa fuera la última noche en la que escuchara su voz cantarle hasta dormir.
Parecía entender que quizás ese sería el último recuerdo que tuvieran juntos, uno que al crecer se olvidaría.
Y, lo que era peor, temía tener que reconfortarlo.
Porque no sabía que sería de ella al amanecer, si lo volvería a ver o si perecería por obra y gracia del traidor. No tendría forma de prometerle que todo estaría bien, que no necesitaba aferrarse a ella dado que por la mañana siguiente volverían a verse.
Porque no era verdad.
No sabía si era verdad.
Nada le costaba ceder, y aferrarse a su primer niño, su orgullo y felicidad, durante unos minutos más. Sólo un poco más.
No obstante, minutos se convirtieron en horas, y para cuando su hijo se durmió, el sol se había puesto hacía mucho tiempo.
Sólo fue cuando todo Winterfell estuvo dormido que Rhaellon finalmente perdió la batalla contra su cansancio.
Daenyra lo entregó a su nodriza ni bien sintió el agarre de tan pequeñas manos aflojarse, dedicando una última mirada enternecida a al su pequeño guerrero antes de darle la espalda y salir casi corriendo de la habitación por un poco de aire fresco.
No pudo caminar ni siquiera cinco pasos que sus manos se aferraron a su abdomen y sus pies tropezaron hasta que acabó de rodillas, vomitando un desagradable líquido espeso sobre el suelo alfombrado del solitario pasillo.
Guardias como sirvientes se acercaron a toda prisa ni bien la escucharon jadear por aire al terminar. Unos le preguntaron si estaba bien, si algo había sucedido al príncipe dentro de su vientre – a lo que ella frunció levemente el ceño. Estaba segura de que en ella se engendraba una niña- si necesitaba que traigan a un maestre, mientras que otros la ayudaban a levantarse e intentaban hacerla sentir un poco mejor remarcado su excelente puntería al suelo para no mancha su vestido.
Dany no reaccionó mal hasta que uno de los guardias ordenó que avisaran al rey.
"Yo misma le diré" intervino ni bien escuchó las palabras brotar de la boca de aquel muchacho.
Se liberó del agarre de las dos jovencitas que la sostenían mientras el servicio seguía viéndola con ceño fruncido y gesto preocupado. Dio un paso, dos, y siguió avanzando hasta que no escuchó los pasos de las sirvientas seguirla y todo sonido de una armadura moviéndose a pocos metros cesó.
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𝗧𝗥𝗘𝗦 𝗖𝗢𝗥𝗢𝗡𝗔𝗦 || 𝘑𝘢𝘤𝘢𝘦𝘳𝘺𝘴 𝘝𝘦𝘭𝘢𝘳𝘺𝘰𝘯
Fanfiction❝ No le temo a quemarme, hermano. Yo soy un dragón. Estoy hecha de fuego.❞ Rhaenyra podía oler el llanto y las cenizas de la guerra que se avecinaba. Y cuando tuvo la oportunidad de asegurarse un arma, no dudó en tomarla. Porque eso era Daenyra pa...
