Capítulo 85 - El dragón tiene tres cabezas

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"Salvajes han pasado, no encuentro razón para ocultárselos, mis señores" su voz era dura, pero no asomaba rastro alguno de enojo. Incluso luego de que varios de sus banderizos pusieran en duda su capacidad para responder al problema, lord Stark no encontraba una razón para que su sangre hirviera.

Estaban en guerra.

Dragones enfrentaron dragones, hermanos enfrentaron hermanos, hijos enfrentaron padres. Era una época oscura, y en ocasiones así los hombres siempre buscan a quién culpar.

Y él tenía la conciencia limpia.

"Y aunque triunfaron los soldados del señor comandante, las bajas fueron muchas. Cien hombres serán enviados para llenar los espacios vacíos" Las protestas se alzaron en el gran salón  como gritos furiosos. Muchos aseguraban que en los números estaba la fuerza, que no podían darse el lujo de enviar a sus soldados a combatir salvajes cuando los necesitaban para derrotar a los traidores verdes.

Y soportó las quejas, los gritos, y las exclamaciones indignadas de muchos ancianos, adultos y jóvenes.

Pero uno solo puede soportar tanto.

Cerró sus manos en dos puños y golpeó la mesa carente de adornos en la que su silla se acomodaba a la vez que se levantaba.

De pronto, todo fue silencio.

Sus banderizos podrían ser orgullosos, duros, letales en lengua como en metal... y aún así ninguno de ellos podría hacerle frente. Él era Cregan Stark, un lobo hecho con nieve, sangre y honor, forjado para ser leal a los suyos e infligir miedo en quien osara desafiarlo.

Si todos se callaron fue porque respetaban a su señor... y porque sabían cuál era el precio de una actitud rebelde.

"¡La guerra empezó, mis señores, pero este sigue siendo el norte! ¡Los salvajes seguirán intentando cruzar y los sureños seguirán derramando sangre traidora! ¿Acaso prefieren dejar a sus familias con la amenaza de que un hombre que provenga del norte del muro les llene el vientre con un bastardo? ¿O que sus hijas sean secuestradas y sus hijos, esclavizados?" esta vez, el filo del acero valyrio parecía indefenso en comparación al de sus palabras. Un buen señor comprende la compasión como la intimidación, le dijo su padre alguna vez.

"Hace unas semanas envié a dos mil hombres a su muerte, pero ninguno de ellos le teme a tal cosa. Ustedes, mis señores, harían bien en imitarlos: hay destinos mucho peores que la muerte" sin avisar, gritos comenzaron a oírse fuera del castillo. Pronto toda persona capaz de blandir una espada corrió hacia los enormes ventanales y así acercar sus oídos a los llantos desesperados que retumbaban al compás de campanas por todo el lugar.

"¡Dragones!" y algo más, pero después de la amenaza que significaba la primera palabra, nadie más se atrevió a permanecer quieto. Sus banderizos corrieron a las afueras del castillo a buscar a sus leales hombres acampando no muy lejos. Escorpiones fueron cargados y sus enormes municiones apuntadas a las bestias.

Cuando Cregan Stark salió, al menos cuatro comandantes de la defensa pidieron su aprobación para disparar. Sin embargo, él sólo pudo ver las manchas en el horizonte. Eran cuatro, por lo que podía contar. El cielo nocturno no era amigo de los opositores de los dragones, por lo que su tamaño y color no eran fáciles de descifrar. Rugidos sonaron, pero no le resultaron familiares.

"¡Listos para disparar!" ordenó entonces, alzando una de sus manos para que la orden fuera clara para todo el que tuviera un par de ojos. Su palma estaba expuesta, pero se cerraría ni bien las bestias estuvieran lo suficientemente cerca como para que el tiro fuera certero.

No tendrían por qué venir dragones aliados al norte. No tenía sentido.

Sunfyre había vuelto a volar, a pesar de todo. Con Vhagar, Tessarion, y el Caníbal a su lado, sería una batalla de muchas bajas la que estaba por comenzar. ¿Qué sentido tenía, sin embargo, que el príncipe Daeron abandonara el ejército de la casa de su madre y viniera a enfrentar hombres al norte?

𝗧𝗥𝗘𝗦 𝗖𝗢𝗥𝗢𝗡𝗔𝗦 || 𝘑𝘢𝘤𝘢𝘦𝘳𝘺𝘴 𝘝𝘦𝘭𝘢𝘳𝘺𝘰𝘯Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora