Capítulo 94 - Humo en tus entrañas

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¿16 o 17?

No lo recuerda. Tampoco era el punto.

Estaban sentados. Bueno, ella estaba sentada (¿estaba sentada?).

La sirvienta más fea que él pudiera haber conocido acababa de avisarle que la cena estaba lista, y que su presencia era requerida en el gran comedor (eso sí lo recuerda).

Mientras se dirigía a allí, escuchó ruidos. Muebles moviéndose, risas de un hombre. Mi sobrino ha vuelto de la ciudad con buena compañía, pensó entonces.

Entonces la vio. Sentada en el pasillo, arruinando un precioso vestido lila que solo hacia que sus ojos parecieran más oscuros. Mirando atrás, entendía que no era que su ropa lo que afectaba su mirada. Era el ruido.

"Su alteza" la saludó al verla, haciendo una pequeña y aún perfecta reverencia. Ella giró a verlo, pero no con la energía por la que era famosa en la Fortaleza. Lo hizo con lentitud. Debilidad. Mantenía sus piernas dobladas hasta su pecho, aferrándose a ella misma por un poco de fuerza.

Daenyra Velaryon estaba llorando.

"Lamento entrometerme" continuó él, reposando sus manos en la empuñadura de su espada envainada. "Pero he de recomendarle cenar en una silla y sobre una mesa. Sé que ustedes los valyrios tienen costumbres excepcionales, pero nadie me advirtió que me encontraría con algo así".

Para su sorpresa, ella sonrió. Entre sollozos, era verdad, pero seguía siendo una pequeña victoria.

Entonces, otro ruido. Esta vez, un hombre gimiendo.

Eso fue suficiente para frustrar su pequeña victoria. Daenyra volvía a dibujar tristeza en su rostro, esta vez mezclada con un sentimiento que él no podía descifrar. ¿Miedo? ¿Angustia? ¿Ira?

"El Rey parece estar entretenido, mi Lady" continuó entonces el caballero, acercándose con sigilo hacia la princesa en apuros tirada en el suelo. No querría interrumpir su sobrino. Él mismo disfrutaba de una ramera o dos a diario. "Permítame escoltarla hacia el comedor. Estoy segura de que su alteza tendrá tiempo para usted cuando acabe" río. Verdaderamente era increíble con los chistes.

Sin embargo, Daenyra no se inmutó.

"Habla de costumbres extrañas, mi Lord, pero yo nunca había conocido caballero algo que hablara de una princesa del reino con tanto desgano" ¿princesa del reino? ¿pero quién..?

Oh. Aegon había vuelto borracho.

"N-no... no pretendía-"

"Me encantaría que mi tío "acabara" pronto. Sin embargo, ya lo ha hecho. Un minuto o dos y gritará mientras esparce su semilla en mi única amiga. La mantendrá ahí, en su cama. La forzará a probar con sus amigos. A satisfacerlos a ellos. Y ella apenas y..." un sollozo trabó cualquier palabra que Daenyra hubiera querido decir. Lágrimas aún brotaban de sus ojos violetas. Lágrimas que solo se intensificaron cuando escucharon otro gemido de un hombre dentro de la habitación.

Para su sorpresa, ella bajó su mirada, hasta dar con sus propios pies descalzos.

"Apenas puede defenderse. Apenas puede hacer más que rezar por que todo pase rápido. Y ellos caigan dormidos o se agoten".

Gwyane Hightower se había quedado helado. Miraba a Daenyra, quien lloraba en silencio a cada pequeño grito que la mujer dentro emitiera.

Aún no recuerda qué lo había hecho moverse. Si ternura, compasión, lástima. Lo único que sabía era que había terminado sentado junto a la princesa Velaryon.

Y ella no lo había apartado.

No dijeron nada. No sabía si había cosa alguna que pudiera decir que enmendara su error. Dudaba que ella tuviera intenciones de escuchar sus disculpas, de todas formas. Simplemente contemplaron la oscuridad de aquella noche en silencio, ignorando los ocasionales aullidos de algún dragón a lo lejos.

𝗧𝗥𝗘𝗦 𝗖𝗢𝗥𝗢𝗡𝗔𝗦 || 𝘑𝘢𝘤𝘢𝘦𝘳𝘺𝘴 𝘝𝘦𝘭𝘢𝘳𝘺𝘰𝘯Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora