Jace la amó desde el segundo en que supo que sería suya.
No entendía como algo así podía ser posible, especialmente porque tan sólo contaban con tres meses y dos años de vida cuando los comprometieron. Sin embargo, era verdad. No había segundo de su vida en que no buscara pasarlo con ella.
Era algo extraño, eso no tenía caso negarlo.
Ha de decirse, de todas maneras, que aunque siempre la amó, pero no siempre lo hizo de la misma manera.
Porque cuando tenía dos pensaba que el amor era esperar a que ella se durmiera para asegurarse de que no tuviera ninguna pesadilla.
Porque cuando tenía diez pensaba que el amor era reservarle un pedazo de su tarde para acompañarla a donde ella quisiera ir. Fuera a su pequeño lugar secreto a las afueras de la Fortaleza Roja, a los jardines reales o incluso a orillas de Pozo Dragón para descansar con sus bestias.
Porque cuando tenía quince se intentó convencer de que era aprender a soltar, a dejarla ir, concederle un momento de libertad en aquella vida plagada de penas que no podía superar.
Porque cuando tuvo dieciocho entendió que el amor era ser lo que fuera que ella necesitaba que fuera. Su amante, su compañero, su blanco, su marido. No importaba qué rol necesitara que él cumpliera, porque él nunca chistaba.
Jaecaerys había nacido para adorar a Daenyra.
Jace existía con el único propósito de amar y proteger a aquella mujer. Su mujer.
El amor de su vida.
¿Quién podría entender eso, de todas formas?
¿Quién podría saber lo que era tener que estar sentado en su trono mientras veía a Dany – su Dany -circular a Daemon mientras buscaba la apertura perfecta para comenzar un duelo que él no podía parar?
Su cuerpo estaba completamente tenso en la posición en la que había anunciado el comienzo de la pelea: Espalda recta, piernas levemente abiertas, manos aferradas a las cabezas de dragón que estaban talladas al final de sus apoyabrazos. Sentía su mandíbula tensa, mordiendo con fuerza el vacío en su boca.
Si aquel era un intento por cortar con los dientes el nudo en su garganta, no podía saberlo.
El corazón parecía no querer latirle, expectante de una pelea que, desde que anunció el comienzo de esta, había consistido únicamente en ver a su esposa embarazada caminando en círculos junto con su oponente, intercambiando palabras que no podía escuchar – ellos parecían no querer que él escuchara-.
Por su parte, el gentío también estaba tenso.
No porque fuera a perder a su reina. A penas y la habían tenido un par de semanas como su gobernante.
Porque eran sujetos mundanos, plebeyos.
Y la plebe había venido a ver una pelea. A cobrarse una muerte.
Jaecaerys con gusto haría que Vermax quemara al estadio entero si eso significaba no tener que soportar los murmullos de quejas y excitación que expresaba la gente en las tribunas sobre una pelea que, aunque comenzaba, aún no cumplía con lo que se les había prometido que verían.
No muy lejos, los imponentes rugidos de los tres niños con escamas de Daenyra hicieron eco hasta donde ella estaba.
"Dany, por favor" volvió a pedir Daemon luego de varios intentos de hacer entrar en razón a su hija y así poder terminar con un enfrentamiento que él nunca podría llevar a cabo.
La mujer a la que se enfrentaba era su hija.
Él... él no compartía sangre con ella, pero era la hija que siempre quiso.
ESTÁS LEYENDO
𝗧𝗥𝗘𝗦 𝗖𝗢𝗥𝗢𝗡𝗔𝗦 || 𝘑𝘢𝘤𝘢𝘦𝘳𝘺𝘴 𝘝𝘦𝘭𝘢𝘳𝘺𝘰𝘯
Fanfiction❝ No le temo a quemarme, hermano. Yo soy un dragón. Estoy hecha de fuego.❞ Rhaenyra podía oler el llanto y las cenizas de la guerra que se avecinaba. Y cuando tuvo la oportunidad de asegurarse un arma, no dudó en tomarla. Porque eso era Daenyra pa...
