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Amaia devoraba una enorme copa de helado con entusiasmo, frente a su madre, que la miraba sonriente, mientras en su interior rogaba que esa pequeña luz que se asomaba al final del túnel la condujera a un milagro.

Si era sincera, había ido a Nueva York, solo y para que Henry y Antonella le dejaran en paz. Sentía que el acoso del par le quitaba el valioso tiempo que no tenía. En sus planes estaba el escuchar al médico, contestar con un "Gracias, pero no gracias" y regresar a Boston a tiempo para recoger a su hija del vacacional y retomar los planes previamente organizados. Pero algo cambio, sí, escuchó al médico y sí, llegó a tiempo para recoger a Amaia, y aunque sí agradeció a su doctor, no rechazó la oportunidad que se le presentaba.

Nada más basto escuchar de su boca "Esta bien, lo haré", para que sus acompañantes se levantaran de un salto de sus sillas y se abrazaran  entre ellos con euforia, como lo hacen los desconocidos en el estadio, cuando su equipo mete un gol.

Por supuesto ninguno de los dos estaba dispuesto a permitir que Becca se echara para atrás, por eso en cuanto salieron del hospital y mientras iban de regreso a Boston. Henry ya estaba comunicándose con la asistente del doctor Takinawa, para coordinar el encuentro, a la vez que Antonella buscaba vuelos para Japón.

Para su mala suerte el vuelo más cercano y disponible, era dentro de 15 días, lo cual complicaba la coordinación de la agenda con el Dr. Takinawa y a Becca le hacía pensar que tal vez eso era una señal.

Claro que no contaba con la terquedad de sus amigos. Henry logró registrarlos en la lista de espera de todas las aerolíneas con vuelos a Japón, si había una cancelación, ellos serían los primeros en ser tomados en cuenta.

Las "quejas" y "peros" de Becca fueron olímpicamente ignorados por el par, que decididos se enfocaron en su tarea, recordándole que ellos tenían todo bajo control y que ella no debía preocuparse por nada más que no fuera disfrutar su tiempo junto a Amaia.

Y eso era justo lo que estaba haciendo ahora, desde que puso un pie en Boston, se comprometió a pasar tanto tiempo como le fuera posible con su hija. A veces pensaba en no enviarla al vacacional y tan solo dedicarse a pasear y hacer cosas divertidas con ella, pero cuando lo pensaba con cabeza fría, se sentía egoísta. Amaia, amaba ese vacacional, compartir con sus primos y los amigos que había hecho allí, no sería justo arrebatarle esa experiencia. Y por ello, optó, por acoplarse, y hacer tanto como pueda en su compañía, como ahora que reían amenamente en su heladería favorita, que se había convertido en la favorita de su hija también.

- ¿Mamma?

- Si, amore mio.

- Esto me gusta mucho.

- ¿Comer helado como si no hubiera un mañana? - Becca le picó con sus dedos las costillas provocándole cosquillas.

Amaia río por la acción, pero negó con su cabeza - no - hizo una pausa, como si pensara mejor su respuesta y luego sonrió con picardía - Bueno sí, pero me refiero a que me gusta que volvamos a hacer las cosas como las hacíamos antes, - Becca ladeó su cabeza poniendo atención a las palabras de Amaia - se siente... como cuando vivíamos en Milán, ya sabes... cantar mientras preparas el desayuno, bailar de la nada solo porque si, aunque estemos en lugares públicos y la gente nos mire, ver películas que nos hacen doler el estómago de tanto reírnos, pintar juntas, salir a pasear por todos lados... Y sobre todo, cuando invitamos a cenar a papá.

A Becca se le formó un nudo en la garganta, sentía que si abría la boca, lo único que haría sería llorar, por eso solo sonrió y le acarició la cabeza, acomodando unos cabellos que le tapaban la frente a la rubiecita.

- A mi tambien me encanta pasar tiempo contigo amore, sé que el mudarnos a Boston trajo muchos cambios y que han pasado muchas cosas, pero quiero que sepas que todo lo que hago es pensando en ti y en tu bienestar..... - Becca hizo una pausa - y también quiero disculparme contigo, por si en algún momento, algo de lo que he hecho o dicho te lastimó, yo solo intento asegurarme de darte lo mejor y que seas feliz, pero a veces puedo equivocarme.

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