Becca estaba agotada física y emocionalmente y aun así no lograba conciliar el sueño.
Dio tantas vueltas en la cama intentando encontrar su propia comodidad, cambió de posición las almohadas, retiró el edredon y se quedó con un par de mantas, pero nada funcionaba y es que el problema no era su cama, ni la cantidad de mantas en ella, la realidad es que había algo que le inquietaba, le atormentaba y el tratar de ignorarlo no estaba resultando bien.
Tumbada boca arriba en la cama, con la mirada fija en el techo, dejó fluir sus lágrimas. Sollozó en silencio obligándose a contener la respiración cada tanto.
La situación le superaba, el incidente de esa tarde, haber olvidado a su hija, no reconocerla, había sido un golpe bajo. Su corazón se partió, ¿cómo era posible que olvidará a su propia hija?, en ocasiones anteriores había tenido algunas lagunas mentales, como cuando olvidó comprar el material de arte para la clase de Amaia y Leslie los compró por ella, o cuando equivocó el día en que debía recogerla de la escuela, o aquella vez que no tenía idea de haber hecho una video llamada mientras Amaia estaba con Chris, y tal vez muchas otras cosas más, pero esto, olvidarla, ver a Amaia, a su hija y no saber quién es, aunque hayan sido tan solo segundos o minutos, no está segura, eso, eso era algo que le aterraba, que le dolía en el alma, que desquebrajaba su ser entero. Su miedo más grande se había convertido en realidad.
No quería olvidar a Amaia, pero basada en los acontecimientos recientes, aquello parecia inevitable.
Lloró amargamente con una almohada sobre el rostro para acallar su llanto. La pequeña luz de esperanza que se encendió hace unos días, parecía ahora apagarse, y tal vez cuando consigan el boleto de avión para Japón, sería demasiado tarde.
Le dolía el pecho y su cabeza se sentía aun más pesada. Sabía que llorar no solucionaría nada, pero no habia mucho que pudiera hacer.
De pronto una idea cruzó por su mente, lanzó la almohada a un lado y en un solo movimiento apartó las mantas sobre ella y se puso de pie.
Despejó la mesita de noche más cercana y la empujó hasta dejarla lo más cerca posible del closet. Con cuidado se subió sobre ella para alcanzar el compartimento más alto, tiro de la manija y de puntas tanteo a ciegas hasta que su mano dio con la caja qué necesitaba.
Tomó la caja y descendió de la mesita con cuidado.
Limpió su rostro con la manga del pijama qué llevaba puesto, gateo sobre la cama, sosteniendo aun la caja y encendió la lámpara de noche de la mesa que no habia tocado.
Con manos temblorosas quitó la tapa de la caja y de ella sacó dos álbumes de fotos. Acarició la cubierta acolchada del más grande, la seda rosa, las perlitas blancas, el encaje y el pequeño ramillete encapsulado en el centro delataba su origen.
De todos los obsequios que Pietro le hizo, ese álbum era uno de sus favoritos.
Lo abrió despacio y leyó el grabado en letras metalizadas.
IL MIRACOLO DI VIVIRE
Bienvenute nel mondo
Rebecca e Amaia
(El milagro de vivir. Bienvenidas al mundo Rebecca y Amaia)
En aquel entonces, Pietro, le había dicho, que el convestirse en madre era entrar a un nuevo mundo, era un viaje distinto, un nuevo inicio. Cuando un bebé llega a este, no solo nace el o ella, también nace una madre y por ello era justo darle también la bienvenida.
Después de acariciar con cuidado las letras, cerró el álbum y lo abrazó contra su pecho. Así permaneció unos cuantos minutos, hasta que tomó un hondo respiro y se decidió a darle vida a la idea que hace segundos había llenado su mente.
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Where we belong
Short StorySinopsis Por un malentendido preferí escapar a luchar por decir la verdad, él no quería escucharme, en ese momento me odiaba, sin importarle cuánto le decía que la situación no era como él la veía, pero no me escuchó, así que sólo hice mis maletas y...
