CAPÍTULO 50

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(Nada te haría tan especial, discutir o hablar, comunicarte de forma que te entiendan tantos (1)
Tienes ese don que te hace mejor sensibilidad,
mucho cariño que regalar, te necesito tanto. (2)
Y pensando, que sinceramente, te quiero así, tal como eres, y como se, que lo que haces te hace feliz, tal como eres. (3)
Trato de hacer algo por los dos, simplificando hasta mi interior, trato de verme tal como soy, es lo que tiene (4) )

Me gusta todo de ti, me gusta cuando sonríes, cuando te enfadas, cuando gritas, cuando callas

Me gustas así, como eres

Una cabalgata especial por toda la viña.

Marizza le mostró a Pablo los caballos en el establo. Cada uno montó un caballo y recorrieron los alrededores de ese precioso lugar. El trayecto se extendió alejándose de la casa.

Recorrieron los alrededores cabalgando sin parar, sintiendo como los caballos pisaban fuerte el terreno verde y frío.

Se alejaron bastante, pasaron por bosques, subieron a montes...

- Nos alejamos mucho – dijo el rubio

Marizza miró al horizonte y se dio cuenta de que Pablo tenía razón.

- Si, será mejor que volvamos

Los caballos relincharon y Marizza hizo una mueca con la mejilla, se le ocurrió algo. (4.Trato de hacer algo por los dos, simplificando hasta mi interior, trato de verme tal como soy, es lo que tiene):

- ¡Te desafío una carrera!

El rubio alzó las cejas acariciando con su mano derecha el dorso del caballo mientras con la otra sujetaba las riendas y la miraba clavándole el azul de sus ojos.

- ¡Dale!, quien llegue antes a la casa gana– explicó Marizza

- No, no te quiero hacer quedar mal

- ¡que quedar mal tarado!, vos vas a quedar mal (1. Nada te haría tan especial, discutir o hablar, comunicarte de forma que te entiendan tantos)

Pablo sonrió y dio una sacudida con la cabeza. ¡Dios mío!, extrañaba tanto quererla como pelearla. Se agarró fuerte, y ésta vez con las dos manos a las riendas.

- Las caídas duelen, nena

Marizza también se agarró con fuerza a las riendas dispuesta a salir.

- Ya lo creo que duelen. Te esperaré sentada...nene

Tras esta última palabra de Marizza, ambos gobernaron el caballo y comenzaron a trotar volviendo por los sitios que habían ido. Estaban competitivos, con hambre de victoria. Los dos eran muy buenos en eso.

Eran líderes, de los que encabezaban un grupo, de los que harían cualquier cosa por su manada.

Por momentos se adelantaba Marizza, por momentos Pablo. Hasta los caballos se contagiaron de la competencia.

Pasaron de nuevo los montes, los bosques, incluso pequeñas lagunas con poca agua, las cuales a los caballos les costaba atravesar. Pero ambos los manejaron muy bien.

El trayecto fue largo y los dos querían ganar, el primer caballo llegó cansado. El portón se abrió y Pablo pasó, él fue el primero. Bajó del caballo con una sonrisa ganadora y lo llevó hasta los establos de la finca.

Al rato llegó Marizza montada en el caballo, trotó despacio, ya no tenía nada que hacer, había ganado él. Odiaba perder. Pablo la miró de reojo y no pudo evitar sonreír mientras le quitaba la montura al animal.

MEMORIA TRAICIONERAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora