CAPÍTULO 89

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Las cosas suceden por una razón, podemos no entenderlo en el momento, pero después todo tiene sentido.

Recuerda:

Tu mejor maestro es tu último error.

Tras la comida en casa de Lujan, ésta y Marizza disfrutaban de un mate mientras Ada dormía la siesta en el sofá abrazada a un oso de peluche.

- Después de lo que me contaste creo que deberías salir ya de esa casa, Marizza

- Ojala y pudiera Luji...¿pero dónde voy?, no puedo huir, nos acabaría encontrando en cualquier lugar y más con la ayuda de Sergio

Marizza tomó mate de un sorbo y se levantó deprisa.

- ¿Te vas?- Preguntó Lujan al ver la acción de su amiga

- voy a hablar con Pablo, hay algo que no sabe y que tiene que saber

- ¿Le vas a contar lo del embarazo trucho?

La rebelde miró hacia el sofá y sonrió al ver el plácido dormir de su niña.

- De momento Pablito solo tiene una hija. Tiene que saber que Alejandra le miente

- No te va a creer y te vas a dar contra la pared de nuevo...

- No me importa, pero voy con la verdad. Bastantes cosas me callé en el pasado por no lastimarlo y ésta vez se lo voy a decir, siempre es mejor aunque duela

Marizza agarró la chaqueta vaquera de la percha se la puso con fuerza y se retiró el pelo hacia atrás.

- Pero te podes encontrar con Roberto... – advirtió Lujan

- No puedo vivir con miedo Luji, esta noche lo veré en el bar porque tengo que ir a cantar...

Lujan se levantó y puso las manos en los hombros de Marizza, la miró a los ojos con inmensa preocupación

- Cuídate

- Si...cuídame a Ada

- No te preocupes

- Llevala después a la casa, Eugenia cuidara de ella

- a mí no me importa cuidarla hasta que termines la actuación

- no, será muy tarde y prefiero que esté ya con el pijama y acostada 

- como quieras

Se dieron un beso en la mejilla

- Suerte. Cuídate – volvió a decir Lujan

Marizza fue hasta el sofá y se agachó frente a su hija, la besó en la frente y volvió hacia Lujan a darle otro beso para después marchar.

En la mansión de los Venus, Pablo se dejaba consentir y desahogar un poco con Eugenia en la cocina.

- voy a terminar reventando Eugenia. Desde que Marizza llegó a la mansión son todo idas y venidas, y yo no puedo mas

- ¡ay Pablito!, la verdad que no sé qué decirte – dijo apoyando su mano sobre el hombro de él

Pablo se llevó la manos a su rostro, cada vez su intuición sobre Ada era mayor, no solo era intuición, cada vez que veía a Ada la sentía como suya y esos sentimientos eran cada vez mayores.

Marizza abrió con su llave y entró en la mansión, miró hacia las escaleras y luego hacia el despacho de Roberto. Las puertas cerradas.

Después se dirigió a la cocina, abrió la puerta y allí estaba Pablo y Eugenia contándose confidencias, realmente parecían madre e hijo.

MEMORIA TRAICIONERAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora