04: Hazlo por mí

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Sonrío para a mis adentros, mirando el Porsche de lujo que se aproxima por la calle atestada de personas y coches. En los días de verano la noche parece ser el amanecer en la ciudad, ya que a la mayoría le gusta salir.

Jimin y los demás siempre tienen que recogerme en un lugar alejado de la empresa, por lo que en esta ocasión agradezco que no haya frío. Pues el buen clima me permite llevar unos short bastante cortos dejando a la vista mis muslos, ya que me encanta tentarlo.

Una vez el coche deportivo se detiene frente a mí, la puerta se abre por dentro y entro con rapidez a sabiendas de lo arriesgado que es encontrarnos en la calle. Una vez me siento a su lado lo miro y sin decir nada, estampa ferozmente sus labios contra los míos en un beso salvaje. Y me alivia saber que los vidrios son oscuros, pues de lo contrario alguien ya nos estaría insultando.

—Te extrañe mucho —susurro contra su boca.

Él se limita a sonreír, mientras sus labios se mueven con rapidez y necesidad. Pronto el beso me deja sin aliento. Pero ignoro la protesta de mis pulmones y me dejo llevar. Disfruto del movimiento de su lengua en mi cavidad bucal, mientras sus manos acarician a su antojo mis muslos y casi se recuesta sobre mí. Pero salgo de mi encanto escuchando la bocina de un coche a nuestras espaldas, rompo el beso recordando que no estamos en la habitación y me alejo.

—Hoy moría de ganas de hacer esto —avisa volviendo a acomodarse bien en su asiento y se pone en marcha.

Sonrío divertida, acaricio su rostro cercano y en todo lo que pienso es en mis ganas de montarlo...

—Yo moría de ganas pero de hacer otra cosa...

Me mira con un peligroso deseo, aunque su sonrisa pierde amplitud y se muestra un poco serio. El silencio de su parte despierta mi preocupación, pero no digo nada y lo miro con atención esperando que diga algo...

—No podremos tener nuestra noche —dice con molestia.

—¿Ocurrió algo?

Respira con fuerza y me mira por un segundo.

—Sí, tendremos que asistir a un evento de último momento. Habíamos quedado en no ir, pero al parecer nuestra presencia es importante —explica sin ánimos.

—Tranquilo, siempre podremos hacerlo cuando regresen —susurro contra su oído.

—Querrás decir cuando regresemos —aclara sonriente.

Lo miro confundida.

—Tú nos acompañaras.

—¿Y-Yo? ¿Por qué? ¿Quién decidió eso? —pregunto en una protesta.

—Todos lo decidimos —dice colocando su mano sobre mi muslo—. Como nuestra esposa es necesario que nos acompañes, cielo, ninguno de los chicos quiere dejarte sola en el apartamento.

MIS SIETE SECRETOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora