40: ¿Me ayudas?

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El miedo se abre paso en mi mente gritando las peores cosas, tomando el completo control de mi cuerpo tembloroso y a la vez tan rígido como una estatua. Pues no soy capaz de moverme y dejarlo sólo. No quiero. No puedo. Por lo que en medio de esa horrible inmovilidad miro con desesperación el alrededor a sabiendas de que tengo que llamar a una ambulancia... ¿Quizá a la policía? ¿Namjoon o...? Trato de no pensar tanto y me levanto reprimiendo las ganas de gritar, ya que estamos solos en la casa y eso no servirá para nada.

—J-Jin... Mi amor despierta, por favor...

Él no reacciona.

«¡Mierda! ¡Deje mi celular en la camioneta!».

Miro la pequeña mancha de sangre entre mi mano temblorosa, libero una maldición y me pongo en cuclillas bajo el impulso de salir corriendo en busca de ayuda. Pero en ese momento el cálido contacto de una mano limpiando una lágrima en mi mejilla, frena mis intenciones y volteo a verlo con rapidez.

—Sabía que aún me amas —susurra él esbozando una pequeña sonrisa.

El sonido de su voz calla de inmediato el ruido en mi cabeza, los gritos del miedo desaparecen y sus caricias en mi rostro parecen devolverme a la vida por lo que sujeto su mano sintiéndolo más. Sentirlo es lo único que logra calmarme y cesar la tormenta de lágrimas que esta por bañar mis mejillas, ya que por primera vez soy más consciente del infierno que pasaría si algo malo le ocurre.

Pero ignoro esas ganas de llorar y besarlo como loca, pues en ese momento también me doy cuenta de una cosa que esfuma por completo mi alivio.

—¿Qué fue todo eso? ¿Por qué no me respondías? —interrogo confundida.

Los nervios se asoman en su expresión y sonríe.

—Al principio fue por el dolor y luego...

Le dirijo una mirada asesina.

—M-Me gusto volver a escucharte llamarme, amor —agrega en voz baja.

—¡Jin!

Se pega más al piso como si quisiera enterrarse allí mismo.

—¡Estaba asustada pensando lo peor! ¡No vuelvas a hacerlo! —grito molesta.

—Está bien, no volverá a pasar... —dice con rapidez—. ¿Me perdonas?

—¡Ahora menos! —exclamo furiosa poniéndome de pie.

No soy capaz de dejarlo allí, pues la preocupación se apodera de mí al mirar el pequeño rastro de sangre en mi mano por lo que me vuelvo a sentar a su lado.

—Por un momento pensé que te habías...

—E-Estoy bien —interrumpe tranquilizador.

—Pero te caíste, tu cabeza está sangrando y... L-Lo mejor es que llame a una ambulancia ahora —digo nerviosa tratando de ponerme de pie.

MIS SIETE SECRETOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora