Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
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Mi vista se pierde contemplando las calles por las que avanzan las personas llevando paraguas, trajes impermeables, mientras una lluvia torrencial baña todo el exterior. El sonido de esas fuertes ráfagas golpeando los cristales de las ventanas, la camioneta, es lo único que llena el silencio debido a que desde que inicio la tormenta no le he vuelto a dirigirle la palabra al conductor...
Al mirar toda esa agua no siento tantas ganas de insistir con mi idea de salir de la camioneta, por lo que me limito a mirar el exterior sin saber hacia dónde vamos. Desde hace algunos minutos he notado que dejamos atrás los edificios, las áreas urbanas, luminosas y espectaculares de la ciudad, para avanzar por las calles de un vecindario en el que los árboles y las hectáreas verdes son más visibles. El sitio no es un lugar exclusivo, pero es privado y ostentoso debido a que posee casas grandes que presumen un estilo rural que la naturaleza embellece más.
«¿Ahora que está tramando Jin?».
No me atrevo a hacerle más preguntas, pues estoy harta de patear su asiento y exigirle respuestas sin éxito. Pues siempre dice alguna tontería divertida para no responder y aunque eso aumenta mi enojo a la vez me provoca reír. No quiero reír delante de él, eso sería un signo de debilidad, por lo que mantengo presente su estúpida broma de sacarme del grupo y alimento más este enojo...
«Lo pagara muy caro».
Mi vista recae sobre el sexy conductor que mantiene su vista clavada en el frente, sus labios lucen un poco entreabiertos y en algunas ocasiones los relame, los aprieta en gestos involuntarios de seducción. No puedo negar que cuando no está haciendo alguna payasada divertida, todo lo que queda a la vista es un hombre apuesto con un porte de modelo capaz de enamorar sin querer con una mirada o sonrisa.
«Jimin y él parecen hijos de la seducción».
Aparta algunos mechones de su cabello oscuro del rostro, mientras luce bastante concentrado en conducir. Dejar de mirarlo es difícil para mí, siempre hay algo en su cara o cuerpo que atrapa más mi atención. Y aunque volteo a ver hacia otra parte evitando que se dé cuenta de que estoy babeando por él, no resisto la tentación. Vuelvo a vigilarlo, miro esas manos grandes que sujetan el volante y por alguna razón siento un poco de envidia por el objeto que toca. No puedo negar que extraño sentir sus caricias y toques en mi cuerpo...
«Basta, se supone que estoy furiosa».
Lo dejo de mirar presintiendo que eso está debilitando mi fuerza de voluntad, pero no resisto mucho y vuelvo a caer en la tentación. En el instante que mi vista se enfoca en el retrovisor lo descubro mirándome también y apenas nuestras miradas se conectan volteo a ver hacia otra parte, sintiendo que el calor del rubor se concentra en mis mejillas. Por lo que hago un esfuerzo para conservar mi calma y no reír.
—¿En qué piensas? —pregunta en un tono bajo para volver a mirar hacia el frente.
—En las personas que me hicieron cosas horribles por el celular —respondo en un tono acusador.