Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
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|TN|
En medio de la falta de sonidos que inunda la habitación puedo escuchar mis palpitaciones cardiacas resonando en mis tímpanos, mientras la voz del miedo grita en mi mente las peores cosas y desata un caos en el que me esfuerzo por idear una mentira creíble. Pero no lo consigo y en mi angustiosa búsqueda de palabras, noto que la expectativa en la mirada de Nam se convierte en molestia y desconfianza, pues observa la carta en su mano como si se sintiera tentado a abrirla.
—Oso, esas cosas son...
Me callo sin encontrar nada bueno que decir. Hobi por su parte también guarda silencio, se limita a mirar el rolex y lo coloca sobre el suyo y mira cómo le quedaría si lo llevara puesto. Eso me hace saber que es imposible mentir diciendo que lo compre para mí, pues es un reloj de hombre, así que alejo de mi mente esas estúpidas ideas. Pero en medio de mis nervios miro entre mis manos temblorosas el celular y en ese momento viene el recuerdo de una persona a mi mente...
«Suga».
—¡Nam! ¡No la abras! —digo y me acerco rápido al mirar que intenta sacar la carta del sobre.
Mis manos temblorosas se apresuran a quitarle la carta, pero cuando su gélida mirada se conecta con la mía no soy capaz de ni siquiera tocarlo y me quedo quieta a una corta distancia.
—N-No la abras —ordeno con debilidad.
Sus ojos se clavan en mí como dagas asesinas y puedo sentir que intenta escudriñar en lo más profundo de mí ser, para sacarme la verdad. En ese lapso su expresión seria se endurece, no dice nada y puedo ver el asomo de los celos en su expresión.
—Es algo privado...
El enojo se instala en su expresión.
—Le escribí esa carta a Suga —miento antes de que explote y saque la carta.
Hobi me mira sorprendido y luego observa el rolex en su mano.
—¿Y esto es...?
Trago grueso.
—Es para Suga —agrego forzando una sonrisa.
Al instante la expresión de Nam se suaviza, mira sorprendido la carta y luego el rolex mostrando ligera culpa.
—Quería darle un regalo por su regreso, ya saben hace mucho tiempo que no lo veo y quise hacerle este detalle para que sepa que lo extrañe —explico y en el fondo agradezco la seguridad en mi voz.
—Mi vida, lo hubieras dicho desde un principio —dice Nam en un tono que delata su alivio y alegría.
—E-Es que me daba vergüenza...
Me dedica una dulce sonrisa y se acerca para dejar un corto beso sobre mi frente.
—Eres tan tierna, osita —afirma en voz baja y su dedo pulgar deja una caricia sobre mi mejilla—. No cabe duda que Suga es muy afortunado.