Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
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No me sorprende la falta de reclamos de parte de Nam, ya que algo que lo caracteriza es que al menos sabe reconocer cuando la cago. Por lo que no espero ningún reproche de su parte cuando lleguemos a nuestro destino, pues de lo contrario no dudare en recordarle quien fue el que tuvo la idea de ignorarme...
«Fue muy cruel, no sabe cuánto lo necesite a mi lado cuando los demás me dieron la espalda».
De todos los chicos siempre pensé que él y Jin serían los únicos que no me harían algo así...
«Pero fueron los peores».
Desde que nos pusimos en marcha rumbo al apartamento el silencio ha prevalecido en el interior de la camioneta. Y no me molesto en terminar con eso hablando. De momento no tengo nada bueno que decir, por lo que me limito a callar y miro el exterior por la ventana intentando ignorar el hecho de que lo tengo sentado a mi lado, mirándome como si no existiera otra cosa.
Tengo la certeza de que la presencia del chofer es lo único que le está impidiendo acercarse como quiere, pues Nam sabe lo mucho que me incomoda tener acercamientos amorosos con ellos delante de otras personas. Él siempre ha sido uno de los que más respeta eso, por lo que mantiene su distancia a pesar de que solo somos nosotros dos y el chofer.
«Jin se equivocó».
Aunque sé que el trabajo del señor frente al volante le exige ser como una persona sin audición o memoria, como ocurre con la Sra. Lee. El matrimonio no me quito por completo esa horrible sensación de sentirme como una cualquiera, una puta: verme únicamente como su perra delante de los demás.
«Dudo que alguna vez pueda dejar de sentir eso».
Pero me resigno y pronto escucho que él respira con fuerza, se remueve un poco ansioso en el asiento y por el rabillo del ojo observo que por fin deja de mirarme. Y toca algo del baúl detrás de nuestro asiento. Lo dejo de vigilar, pero pronto siento que toca mi brazo y antes de que le recuerde que no estamos solos él aleja su mano. Sin decir nada me entrega una caja naranja y cuando la sostengo entre mis manos miro en el centro el logo de Hermes.
—Lo compre para ti —avisa con una dulce sonrisa.
Miro la caja que seguro debe contener uno de esos bolsos espectaculares de la marca y fuerzo una sonrisa.
—Hay más regalos en el maletero —avisa en voz baja.
Asiento despacio.
—Gracias, aunque no eran regalos los que esperaba precisamente de tu parte...
Me mira confundido.
—¿Por qué? Siempre me gusta consentirte —recuerda.
—Lo sé, aunque esta vez esperaba algo más simple, pero que no tiene precio como lo es una disculpa —digo con simpleza.