Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
|TN|
No sé cuánto tiempo ha transcurrido luego de que nos acostamos a dormir, pero luego de tomar una larga ducha para quitar todo ese dulce de nuestros cuerpos, entramos a la cama y allí acabo toda la acción.
Mantengo mi cabeza apoyada sobre el pecho de Jin, quien lleva puesto un adorable pijama con dibujos de astronauta, mientras que yo simplemente uso una de sus camisas blancas por lo que me cubro más con la sabana y disfruto mucho del calor que me transmite su cuerpo.
Se encuentra tumbado boca arriba, su pecho sube y baja a intervalos intermitentes y el suave sonido de su respiración me hace saber que se encuentra sumido en un sueño profundo. A diferencia de mí, que no puedo cerrar los ojos sin dejar de pensar en tantas cosas...
«Mañana será mi primer día de trabajo en JYP».
Ese simple pensamiento me hace abrir los ojos y me resigno a pasar el resto de la noche en vela, pues las inquietudes son tantas que por un momento siento que quiero arrepentirme de la locura de trabajar con Hyunjin.
«Ya es demasiado tarde para eso».
En busca de calma, apoyo la cabeza sobre el pecho de Jin y me abrazo un poco más a su cuerpo. Eso parece despertarlo, pronto siento que su brazo rodea mi cintura y me pega más a él brindándome esa sensación de protección y seguridad que por alguna extraña razón necesito en este momento... Pues las dudas no me dejan en paz y no quiero pensar en los posibles problemas que se avecinan cuando sepan lo de mi nuevo trabajo.
«Calma, eso aún no pasa».
Me quedo quieta entre sus brazos, ni siquiera intento conciliar el sueño y me limito a mirar la oscuridad en la habitación y escuchar el suave sonido de la lluvia en el exterior que es lo único que invade el silencio de la habitación.
—¿Estas dormida? —pregunta él en voz baja logrando sorprenderme.
«No está dormido».
En ese momento su mano acaricia mi cabello húmedo.
—No puedo dormir... —confieso.
—¿Por qué? —inquiere con suavidad.
Trago grueso y miro su rostro cercando en la oscuridad, aunque mantiene los ojos cerrados parece estar prestando atención.
—P-Por cosas del trabajo —confieso de cierta manera con la verdad.
—Sea lo que sea, se resolverá —afirma tranquilizador.
Sus palabras no logran calmarme, pues cuando lo miro no puedo evitar tener más presente las cosas que le estoy ocultando. Por lo que los remordimientos de consciencia me torturan y me siento tentada a hablar con sinceridad...