Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
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Me quito por completo la camisa y una vez me acomodo sobre él, noto que su mirada recorre todo mi cuerpo desnudo. Pero no le permito que diga nada, pues vierto mucha crema batida sobre su boca haciéndolo reír.
—No seas mala... —protesta divertido tratando de comerse la mezcla dulce esparcida sobre sus mejillas, nariz y boca.
Entre risa le ayudo a quitarse la crema, pues lo beso y uso mis dedos para quitarla. En el acto él toma un poco de la crema de su cara y mancha mis mejillas a propósito, por lo que me río tratando de voltear a ver hacia a otra parte para evitarlo. Pero me abraza besando mis mejillas y labios con la intención de mancharme más con la mezcla dulce y pegajosa. Y lo consigue, pues pronto siento que incluso mi cabello se ve involucrado.
—No... Está bien, no lo haré más —digo entre risa tratando de apartar su cara de mi cuello, pues está llenando de dulce toda la zona.
Él no me suelta, por lo que hago uso de mi fuerza y lo empujo recostándolo en el respaldar del sofá, mientras lo sujeto del cuello consiguiendo que se quede quieto.
—¡Te quedas así! —ordeno divertida.
No le permito siquiera hablar, ya que estrello mis labios contra los suyos en un beso salvaje que él se encarga de extender.
Me muevo sobre su dura erección al instante poniéndolo tenso. Pero eso parece darme el completo control, pues se queda quieto y pronto rompo la unión de nuestros labios y trato de sosegar mi respiración a la vez que beso su cuello: quiero devorarlo por completo.
Él por su parte sujeta mis caderas, luego aprieta mis glúteos y me da dos palmadas en ese lugar moviéndome más. Hace una deliciosa fricción entre nuestras intimidades que me provoca gemir, cuando lo miro a los ojos detecto un deseo formidable y necesita usar palabras para hacerme saber lo que quiere...
Con desesperación termino de sacar su erección y la llevo a mi interior para enseguida moverme como una loca... Pues apenas toca mi interior parece que soy poseída por la lujuria y salto sin parar sobre él, que no hace nada más, me cede todo el control y deja que me mueva con la fuerza y rapidez que quiera. Mientras se limita a mirarme a los ojos y sujeta mis caderas permitiendo que descargue todo mi deseo.
—Está rico —opino con mi voz agitada y sin dejar de saltar sobre él, vierto un poco de crema batida directo en mi boca.
Bajo su atenta mirada la saboreo despacio, me relamo los labios y chupo mis dedos haciendo que sus manos sujeten con más fuerza mis caderas.
Cierro los ojos y grito con más fuerza sintiendo que besa mis pechos y pasa sus manos por toda mi espalda desnuda. Luego se ocupa de tocar mi trasero y puedo escucharlo gruñir cuando me muevo más rápido.
El choque incesante de nuestros cuerpos y mis gemidos son los únicos sonidos que llenan el silencio de la sala durante un lapso indefinido.
—Sigue así, princesa —avisa con su voz agitada sujetando mis pechos que saltan por la fuerza y rapidez de mis movimientos.