Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
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Cierro los ojos y me permito enloquecer, ya que él no deja de darme motivos para gritar y gemir por el placer, así que mi voz y el sonido de nuestras pieles chocando son lo único que llena toda la estancia.
Mi espina dorsal se arquea levemente, mientras lo recibo sin parar debido a que continua apoyando mis piernas sobre sus hombros y de esta manera me mantiene a su merced. Por lo que descarga brutalmente su deseo...
—M-Más despacio —digo entre jadeos.
Abre los ojos y me mira.
—¿Por qué?
—Voy a morir —aviso divertida con mi voz entrecortada.
Sus labios enrojecidos se curvan formando una sonrisa.
—Creí que te gustaba que te lo hicieran fuerte...
—¡Tú quieres matarme! —grito dándole suaves golpes al piso.
Se ríe y disminuye la fuerza de sus embates y luego de unos momentos se sale de mi interior y me muestra su dura erección cubierta con lo que quedo de mi orgasmo, esboza una pequeña sonrisa cargada de satisfacción y sin más toma mis piernas, las une y las coloca de lado sobre el piso para volver adentrarse en mi interior...
Cierro los ojos y en pocos segundos vuelvo a sentir que me está destrozando, pues vuelve a embestirme con fuerza y aunque me río y trato de arrastrarme por el piso huyendo, sus manos apresan mi cintura y vuelve a pegarme contra él.
—Mi rey... ¿Por qué me castigas? —inquiero entre gemidos.
Intenta apartar el cabello de su rostro sin éxito y me mira.
—Lo siento, pero es que desde la primera vez que lo hice fuerte contigo es difícil no querer dártelo de la misma manera —explica en voz baja y suaviza su manera de sujetar mi cintura, como también se mueve despacio y con más delicadeza.
Por unos instantes cierro los ojos sintiendo que ráfagas de calor se expanden por todo mi cuerpo, pues con sus lentas y profundas arremetidas casi me deja sin aliento.
—Siempre quise hacértelo fuerte, pero creí que no te gustaba...
Lo miro y sonrío.
—En ese caso acepto que me lo hagas así...
—¿Fuerte?
Asiento.
—F-Fuerte, por favor...
Sin decir nada más obedece y vuelve más fuertes y rápidas sus embestidas, por lo que al instante pierdo la capacidad de hablar y mis manos se cierran en puños en lo que trato de soportar... Pues con cada impacto mi cuerpo tiembla, cada fibra de mi piel se estremece y en medio de la difícil tarea por respirar, tomo boconadas de oxígeno.