Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
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Sus labios se mueven con ferocidad contra mi boca, mientras me abraza casi asfixiándome por el calor y el placer que me generan sus lentas embestidas. Pero de pronto se sale de mi interior dejando un horrible vacío y no necesito que diga nada, para saber lo pretende con esto. Por lo que me giro con rapidez y lo sujeto de la camisa pegándolo contra la puerta y no lo dejo decir nada, ya que lo beso a la vez que me encargo de quitarle la camisa.
Aprovechando que estoy descalza me termino de quitar el pantalón, me paro en puntitas y dejo muchos besos en su cuello haciéndolo reír.
—Me vuelves locas, ¿lo sabes? —inquiero lanzando su camisa a un lugar lejano en el piso.
Cierra los ojos y me abraza tocando mi espalda por debajo de la blusa.
—Lo sé —contesta con su voz agitada—. Pero te digo un secreto...
Sus labios enrojecidos forman una sonrisa.
—También me vuelves loco —susurra cerca de mi oído.
Tomo su dura erección y la acaricio bajo su atenta mirada.
—Tú caso no debe ser tan extremo —digo divertida y me paso la mano por la boca para lubricar más su falo.
En medio de la oscuridad lo miro a los ojos, mientras lo masturbo terminando al instante con su fuerza de voluntad debido a que se queda inmóvil dejando que le haga lo que quiera. Por lo que deslizo mi mano a través de su torso, acariciando esas formas ligeramente marcadas en su abdomen y así muevo más rápido mi mano. Eso lo hace gruñir, inclina la cabeza hacia atrás cerrando los ojos y sus manos ascienden hacia mis pechos tocándolos sobre la tela de la blusa...
—¿Se siente bien que haga esto? —pregunto con mi voz cargada de deseo.
—Mucho...
Sonrío con picardía y llevo una de sus manos a mis pechos para que los toque, eso lo saca un poco de su deleite y se encarga de tocarlos y apretarlos mirándome directo a los ojos.
—¿Eres mío?
Muevo más rápido mi mano haciéndolo jadear.
—Completamente...
—Mío... Mi chico —afirmo sonriente y lo someto a más placer al besar su pecho.
Al instante siento que se tensa más y me abraza en el acto acariciando toda mi espalda baja y parte de mi trasero.
Une su frente contra la mía luciendo demasiado concentrado en el placer que le brinda mi mano, pues no me canso de moverla... El simple acto de sostener su erección me resulta tan placentero, pues se siente tan suave y a la vez dura. Cada vez que la miro me provoca relamerme los labios deseando llevarla al interior de mi boca y jugar con ella. Y seguir apreciando los gestos placenteros y excitantes en él, que mantiene los ojos cerrados y muerde en algunas ocasiones su labio inferior luciendo bastante concentrado en el placer que le brindo.