20: Hora de comer

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Muevo mis pulgares con rapidez escribiéndole un mensaje a Jennie, mientras sigo en silencio los pasos de Taehyung que camina hacia las puertas del ascensor. No quise insistir con la idea de irme, pues no tiene caso empeorar las cosas con ellos. De lo contrario para estos momentos todos sabrían que me fui y estarían más cerca de descubrir la verdad... Por lo que no quise darle motivos a Taehyung para invocar a esos demonios y accedí volver al apartamento.

«Como una buena chica».

Aprovecho que me encuentro fuera de su vista y termino de escribirle una mentira a Jennie. Le envío de prisa el mensaje avisando que tuve un problema y en ese momento me congelo notando que él voltea a verme.

—Le avise a las chicas que no iría —aviso intentando guardar con disimulo mi celular en el bolso.

Asiente y sin más presiona el botón del ascensor. De inmediato las puertas se abren y lo sigo hacia el interior de esa caja metálica. Me coloco a su lado manteniendo la distancia. Pero una vez las puertas se cierran, respiro más tranquila a sabiendas de que ya no tengo que ser cuidadosa y aparentar...

Pero no soy la única a la que le pasa eso, ya que pronto siento que los dedos largos y grandes de Tae se entrelazan despacio con los míos y de esta manera sujeta mi mano como de costumbre. Cada vez que estamos a solas siempre lo hace... Eso me tranquiliza, pues me hace saber que ya no está tan furioso conmigo.

—¿Te gusta mucho esto? —pregunto mirando la unión de nuestras manos.

Libera un largo suspiro.

—Me hace saber que eres mía —confiesa en un susurro—. Joder, no sabes cuánto me gustaría poder andar contigo así por la calle.

Sonrío levemente concentrándome en lo suave y fuerte que se siente su mano.

—Sería hermoso... —opino nostálgica al saber que eso jamás pasara.

Guardo silencio y por unos segundos me sumerjo en la preocupación.

—Después de esto, ¿ya no me hablaras?

—No es precisamente hablar lo que quiero ahora... Pero a la mierda con ese voto de silencio —dice con desinterés.

Lo miro incrédula y por alguna razón eso despierta la esperanza en mi interior.

—¿Les dirás a los demás que me hablaste?

—Claro, era más que necesario —contesta con simpleza.

Respiro con fuerza.

—Así que arruinarme la noche era necesario —ironizo en voz baja sin poder ocultar mi molestia y vuelvo mi vista hacia las puertas.

Su mano me aprieta con más fuerza.

—¿Arruinar? —inquiere y por su tono intuyo que se sintió herido—. No pensé que pasar tiempo conmigo era un castigo para ti...

MIS SIETE SECRETOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora