Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
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Mi temperatura baja como la de un cadáver, en medio de mi horror alejo sus manos de mi cuerpo y por suerte él no insiste en retenerme, así que me levanto y lo dejo sentado sobre la máquina. Pero en el instante que me giro miro lo que provoco sentarme de esa manera sobre su regazo, pues fue suficiente para levantar bastante su erección. Él sonríe y trata de ocultarlo colocando sus manos sobre la zona fingiendo inocencia.
—En realidad prefiero que no lo cubras —confieso en un tono perverso y tomo sus manos y las quito de ese lugar.
—Lo sé —dice dejándolo a la vista.
Sonrío satisfecha, tomo un poco de distancia y miro que se acomoda correctamente para continuar ejercitando sus brazos.
—También te he dicho muchas veces que no me gusta que te cubras el cuerpo conmigo...
Me río y detengo mi acción de cubrirme más con la bata.
—Me da un poco de vergüenza —confieso reprimiendo las ganas de reír.
Sus brazos se mueven levantando el peso, pero me mira y frunce el ceño.
—Con los demás no pasa lo mismo...
Trago grueso.
—Cada uno es diferente —aclaro con simpleza y me acerco mirando con deseo el bulto en su entrepierna.
—¿Lo haces para castigarme?
Sonrío y trato de ignorar las ganas de cubrir más el escote de mis pechos con la bata, pues sentirme observada por él sin sexo de por medio me pone un poco nerviosa: aun no me acostumbro.
—E-En realidad me da un poco de vergüenza contigo —confieso en voz baja sintiéndome demasiado estúpida.
Respira con fuerza y su mirada hace un rápido recorrido por mi cuerpo, luego entrecierra los ojos y se relame los labios como si hubiera degustado algo exquisito.
—Nena, me vuelves loco... No tienes que avergonzarte de nada, eres hermosa —expresa con su voz ligeramente agitada.
Sus palabras son como una caricia para mi alma, me hacen sentir demasiado bien y vuelven más fácil el hecho de ignorar las inseguridades que me invaden precisamente cuando estoy con él. Pues a veces no puedo evitar tener presente mis defectos al sentirme observada por él, ya que pienso que debería hacer más ejercicio, cuidarme más y arreglarme mejor para no dejar de gustarle...
Una sonrisa curva mis labios, me acerco tratando de ignorar ese molesto impulso de cubrirme y miro su cuerpo tonificado.
—A partir de ahora me voy a encargar de hacerte saber todos los días que eres hermosa —dice con ligera agitación al mover sus brazos levantando el peso.
Me detengo frente a él e ignoro la presencia de los nervios.
—Creo que también voy a usar poca ropa para ti —aviso en un tono provocativo y desanudo las cintas de la bata.