Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
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|TN|
Su mirada penetrante se enfoca en mí y bebe un largo trago de su copa sin dejar de mirarme.
—Lo siento no encuentro otra manera de llamarte...
—Llámame como siempre —dice casi en una orden.
«Daddy».
—Olvide como te llamaba —miento reprimiendo las colosales ganas de reír.
Guarda silencio y la sonrisa casi imperceptible en su rostro desaparece.
—Eso dolió —susurra.
Mueve el vino dentro de la copa y lo mira con seriedad por largos segundos.
—Pero sé que no me has olvidado, nunca podrás —afirma confiado.
La culpa intenta convencerme de terminar con mi juego, retractarme y confesar que me estoy muriendo por volver a abrazarlo, besarlo y sentirlo a mi lado.
—Para compensar esto cuando regrese voy hacer que grites mi nombre más de mil veces en la noche —afirma con una perversa satisfacción.
—Aun así no creo que pueda memorizarlo —bromeo llevando acabo mi venganza.
Un brillo indescifrable se enciende en su gélida mirada que por momentos me hace querer romper el contacto visual, decirle que sí a todo; para terminar con la seriedad en su semblante. Es un poco intimidante. No puedo creer que a pesar de ese aspecto tierno y el hecho de que no estamos en la misma habitación, todavía logra ponerme tan nerviosa como la primera vez que lo vi...
—¿Quieres que te lo recuerde ahora? —pregunta en un tono tranquilo que me hace pensar que estoy recibiendo la propuesta de un demonio.
Asiento despacio.
—Busca mi número entre tus contactos y desbloquéame de una puta vez. De paso repite unas cuantas veces el nombre con el que me agregaste, para que recuerdes porque me llamaste así —susurra inexpresivo.
—Lo siento, pero me temo que eso no se podrá —miento forzando un tono tranquilo para no padecer un ataque de risa.
Me pongo de pie y coloco la tablet sobre la cama en una posición en la que pueda verme bien y su silencio me hace saber que espera una explicación.
—Borre tu número —miento con simpleza y así me quito la bata sin pudor dejándola caer al piso.
La vista parece dejarlo sin habla. No dice nada, su mirada penetrante escanea mi cuerpo de pies a cabeza y se muerde el labio inferior para luego beber un largo trago de vino sin dejar de mirarme. No puedo ver bien su entrepierna, pero la lujuria que asoma en su rostro me hace saber lo que está pasando en ese lugar...
Intento ignorar la vergüenza y esas ganas de cubrirme con la bata, una sábana, y tomo con calma mis bragas de encaje de color beige. Me dispongo a ponérmelas y las deslizo despacio a través de mis piernas bajo su atenta mirada. Me mira de una manera que me hace sentir follada, no necesito ser adivina para saber que me está haciendo miles de cosas sucias en su mente.
Una vez me pongo las bragas me volteo un poco dándole un corto vistazo de mi trasero. Pero también toco a propósito uno de mis pechos, mientras echo hacia atrás mi cabello y sin más tomo mi sujetador con la intención de ponérmelo.
«Sé que no quiere que lo haga».
Le dedico una sonrisa traviesa, pero de nuevo guarda silencio y vacía por completo todo el contenido de su copa como si de pronto tuviera mucha sed. Fuera del sexo no suele perder el control, por lo que tengo la certeza de que si estuviera aquí esa actitud controlada y fría no existiría...
—Te recuerdo que no puedes hablarme —susurro con picardía.
—A la mierda con eso... Estoy seguro que ninguno de esos idiotas cumplió con eso tampoco.
«Los conoce demasiado bien».
—Creo que voy a colgar, Daddy —digo subrayado su nombre con deseo.
—No lo hagas, quiero verte más —confiesa deslizando su lengua hacia una de las comisuras de sus labios, mientras vierte más vino en su copa.
Aunque su vicio por el momento es mirarme y beber desde la comodidad de su habitación en el hotel, no puedo quedarme más tiempo. De lo contrario no llegare a tiempo al trabajo. Por lo que me cubro los pechos con el sujetador, intento controlar mis hormonas y esas ganas de darle más motivos para tomar una ducha fría.
—Adiós —afirmo acercándome hacia la tablet.
—Perdóname por reírme de la estupidez que hizo Jin —dice y entre el deseo distingo también el arrepentimiento y eso me deja perpleja, pues sé lo orgulloso que puede ser y lo difícil que le resulta usar las palabras para disculparse y expresar esa clase de sentimientos.
Nota de autora: Capítulo como para irse a tomar un baño a la iglesia...
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