01: Sorpresa

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Rocío un poco de perfume en la zona de mi pecho y echo hacia atrás mi cabello dejando al descubierto el escote, pues el extravagante camisón que llevo puesto no deja casi nada a la imaginación. Por momentos la vergüenza me tienta a ponerme algo más decente. Pero entonces recuerdo que en toda la luna de miel; que fueron apenas dos semanas por el trabajo de mi esposo; pase la mayoría del tiempo desnuda bajo las sabanas y su cuerpo.

«Vamos, ni que fuera la primera vez que me ve así».

Intento callar esas inseguridades que gritan en mi cabeza, ya que por momentos pienso que tal vez no le gustara mi sorpresa. Aunque la idea de darle tanto placer como sea posible, luego de su larga jornada de trabajo, me impulsa a seguir.

Froto un poco de crema humectante sobre mis manos, brazos y sonrío para a mis adentros sintiendo que mi piel luce suave y tersa como tanto le gusta. Por lo que ya no encuentro una pérdida de tiempo asistir varias veces a la semana al spa.

—Ya cálmate, ni que fuera la primera vez —murmuro para mí misma en el intento de sosegar mis nervios, pues miro la hora en mi celular descubriendo que no debe tardar en llegar.

Respiro hondo y apago la lamparita de noche, para terminar de encender algunas velas aromáticas que son las que mantienen a raya la oscuridad en la habitación. Pero el repentino sonido de una puerta abriéndose en la sala, frena mi labor y me remuevo nerviosa. Dejo la vela encendida sobre una mesita y miro el oscuro alrededor sin saber qué hacer.

—Nena... —llama desde la sala la voz suave y grave de mi esposo.

«¡Jungkook!».

Llego antes de lo esperado, por lo que en medio de mis nervios miro mi ropa dudando en mostrarme así delante de él...

«¡¿Qué hago?!».

Las inseguridades me convencen de que esto fue una pésima idea, por lo que corro hacia el cuarto de baño con la intención de quitarme esto antes de que me vea.

—Tn, cariño... ¿en dónde estás? —pregunta más cerca.

Libero una maldición, desanudando con dificultad el nudo de la bata para quitarme todo en la oscuridad del cuarto de baño.

—V-Voy en un momento —digo nerviosa.

—Cariño, ¿pasa algo? —pregunta en un tono preocupado.

—N-No, todo está bien —miento y busco en la oscuridad algo que ponerme.

«¡Mierda! ¡No hay nada!».

—¿Qué estás haciendo?

Me giro con rapidez y lo encuentro parado en el umbral de la puerta, su presencia provoca que mi cara arda en el fuego de la vergüenza y me cubro nerviosa los pechos con la bata de seda.

MIS SIETE SECRETOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora