Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
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|TN|
La claridad de la mañana me obliga a abrir los ojos, se siente extraño despertar sin tener que escuchar el molesto sonido del despertador, pero eso únicamente me recuerda que no estoy en el apartamento con Jungkook.
Pero apenas recuerdo que tengo muchos pendientes en el trabajo no necesito más, me despierto por completo y me acomodo sentada sobre la cama. Me preparo para abandonar la calidez que me ofrecen las mantas y el cuerpo de Nam, pero en ese momento me percato de que su brazo grande rodea mi cintura y no me permite moverme.
«En esto se parece a Jungkook».
Me quedo quieta y no puedo negar que obtengo una vista adorable de él, pues me tomo unos segundos para mirarlo dormir. La calma prevalece en su semblante en el que aprecio esas facciones delicadas, algunos mechones de su cabello oscuro recaídos sobre su rostro y luego miro lo que más cautiva mi atención: sus labios carnosos entreabiertos. Estoy segura de que si no estuviera tan furiosa en estos momentos lo estaría acariciando y devorando a besos.
Pero no puedo besarlo. Anoche en el intento de olvidarme de todo, me quede dormida y ni siquiera supe a qué hora volvió a la cama y despidió a sus cómplices. Eso me hace tener más presente que seguro tramaron muchas cosas, por lo que enfurezco y todo lo que quiero es hacer hasta lo imposible para que sus planes fracasen.
«No sabe lo que les espera».
El enojo recobra fuerza en mi interior y sin ninguna delicadeza trato de liberarme de su agarre sin éxito, pero ni siquiera logro mover su brazo.
—Tranquila, todavía es temprano hace unos momentos vi la hora —avisa Nam en un tono soñoliento.
«Así que solo finge dormir».
No le digo nada y con un poco de dificultad tomo mi celular de la mesita de noche, pero cuando trato de encender la pantalla descubro que está apagado. Eso me recuerda que recibí muchas las llamadas de Suga. No respondí y aunque me siento mal por castigarlo de manera anticipada, eso deja de importarme al pensar en la reunión que tendrán este día.
—Osita, no te levantes... Aún es temprano —dice Nam casi en una súplica, mientras mantiene los ojos cerrados y no mueve su brazo a pesar de todos mis intentos por liberarme de su agarre.
—Lo sé —digo fingiendo calma—, pero es que tengo que ir temprano al trabajo porque...
Me callo y aprovecho que tiene los ojos cerrados para ocultar mis nervios.
«No es el momento para darle la noticia de mi nuevo trabajo».
—Me asignaron a un nuevo grupo de aprendices —miento forzando una sonrisa.
Abre los ojos despacio y me mira con atención.
—Qué bueno por ellos, porque tienen a la mejor maestra —afirma dándome un ligero apretón en la cintura.