13: Háblame

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Por instinto aprieto con fuerza el celular entre mi mano, pues miro que Jimin se acerca lentamente entre la oscuridad... En un acto desesperado me apresuro a encender la luz de la lamparita de noche volviendo menos aterradora la situación. Pues la luz consigue detenerlo, se queda parado a una corta distancia de la cama con su mirada indescifrable clava en mí... No hay sonrisas, gestos tiernos, simplemente una fría seriedad que me hace saber que no está nada feliz.

—Creí que no me hablarías como los demás —digo divertida tratando de disimular los nervios.

El silencio es la única respuesta que obtengo de su parte, pero me esfuerzo por lucir tranquila y sonrío.

—Entonces, ¿no me hablaras? —pregunto con ligera provocación.

No responde y su mirada inexpresiva recae sobre mi celular por unos instantes y luego se enfoca en mí, como si esperara una respuesta de mi parte...

«Mierda, quiere que le responda a sus mensajes... ¡¿Por qué me pasan estas cosas a mí?!».

—Pero me alegra que no quisieras dejar solita a tu esposa toda la noche, ¿los demás vinieron contigo? —inquiero tratando de desviarme del tema.

No dice nada y me mira fijamente durante un tiempo indefinido que me resulta casi una eternidad...

«Esto tan peor como si me estuviera gritando furioso».

No resisto más el contacto visual y volteo hacia la salida notando que nadie lo siguió, por lo que me aferro a un ápice de esperanza pensando que está sólo. Tal vez los chicos ni siquiera saben que está aquí, quiero creer que es así, pues de lo contrario no habrá nada que me libre de otro exhaustivo interrogatorio y una pelea infernal con todos si se enteran de lo que estaba haciendo.

«No quiero ni imaginar su reacción si ven esos malditos mensajes comprometedores».

—Mi amor, háblame por favor —suplico fingiendo calma.

Jimin no dice nada y se limita a caminar hacia un sillón, por lo que respiro más tranquila en los segundos que su mirada no está sobre mí. Pues aprovecho para esconder mi celular bajo la almohada y lo miro nerviosa, sabiendo que solo una buena distracción será lo único que pueda hacerlo olvidarse de momento de mi celular...

«Tengo que borrar esos mensajes».

Me acerco a la orilla de la cama, mientras él se acomoda sentado en el sillón de forma relajada y me mira con esa intimidante fijación. Por lo que intento fingir que no me pone nerviosa, fuerzo una sonrisa y me pongo de pie para caminar despacio hacia su dirección.

—No me digas que viniste sólo... ¿ellos saben que estas aquí? —pregunto con picardía.

De nuevo no responde.

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