54: Nuestro lugar

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En todo el camino fue demasiado fácil vaciar la botella de vino, pero en cuanto llegamos a nuestro destino y puse un pie fuera de la camioneta he podido sentir los efectos del alcohol en mí. Nunca imagine que tal exquisitez me embriagaría de esta manera, todo me da un poco de vueltas y con cada paso que doy sobre el suelo enmaderado, puedo sentir que floto. No niego que se siente demasiado bien, creo que me hacía falta relajarme de esta manera debido a que me enfoco en disfrutar...

Caminamos por el pasillo de un puerto privado que tiene vista a una parte del mar y también a otro extremo de la ciudad, en la que a la distancia se vislumbran las luces de los rascacielos y las demás edificaciones urbanas.

En el sitio hay largas filas de yates estacionados sobre las aguas apacibles. Cada vez que miro las naves no puedo evitar impresionarme, pues a pesar de su diversidad en tamaños y diseños todos son el claro reflejo de lo que las altas sumas de dinero y cuentas millonarias pueden crear: juguetes hermosos para millonarios.

«¿Qué hacemos aquí?».

No me atrevo a preguntar, ya que mi esposo muestra escasas ganas de conversar delante de uno de los encargados del puerto que nos muestra el camino. Por lo que en medio de mi ebriedad avanzo en silencio a lado de Hobi, que mantiene su distancia debido a la presencia del señor. El tipo habla en algunas ocasiones con el guardaespaldas de confianza de Hobi, quien se encarga de intermediar entre ellos para evitar que este logre reconocerlo. Por lo que ambos caminan delante de nosotros y nos llevan hacia alguna parte.

Mi dulce esposo por su parte guarda silencio, aunque cada vez que lo miro sé que también está un poco ebrio. Tal vez no como en mí caso, pues bebió menos. Pero a pesar de que está usando cubre bocas y un sombrero, su mirada me hace saber que está sonriendo relajadamente.

En ese momento me percato de que más adelante esta un chico con dos mujeres que se ríen y hablan animadamente. Cuando este nos mira levanta las manos saludando y pronto descubro de quien se trata...

—¿Llamaste a Jiho? —inquiero sorprendida.

Hobi asiente y a través de su mirada noto que su sonrisa se amplía.

«Esto se descontrolara».

—Hola —saluda Jiho con una ligera reverencia al igual que sus acompañantes—. Tn...

Sonrío y lo saludo también.

—Soo —dice una chica pelirroja que por su figura voluminosa y trabajada debe pasar varias horas en el gimnasio.

—Hana, mucho gusto —expresa sonriente la otra chica que por su altura, complexión esbelta y porte no me sorprendería que sea modelo.

—Hola —saludo mirándolas.

Mi esposo se limita a saludarlas con una pequeña reverencia.

—Bien creo que yo me retiro, cualquier cosa que necesiten no duden en avisar —dice el encargado del puerto.

MIS SIETE SECRETOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora