18: Venganza

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Respiro profundo y tomo asiento frente al tocador con la intención de terminar con mi rutina de belleza para dormir. Me propongo a cepillar mi cabello y en el proceso trato de encerrar de una vez esas ganas de llorar, pues ya derrame muchas lágrimas. Me limpio los parpados húmedos con disimulo, pues miro que la Sra. Lee termina de levantar los platos. Estoy segura que si no me hubiera traído la cena a la habitación, no hubiera probado nada en todo este día.

—¿No quiere que le traiga otra cosa? —pregunta ella notando que no comí casi nada.

—No gracias, c-comí en el trabajo —miento forzando una sonrisa.

Ella asiente más tranquila, toma la bandeja de comida y sin más se encamina hacia la salida.

—¿Ellos están en la casa? —pregunto sin apartar la mirada de mi reflejo en el espejo.

—Se fueron hace un rato —contesta deteniéndose en la puerta.

Trago grueso y fuerzo una sonrisa.

—Buenas noches —susurro sintiendo que ese nudo crece más en mi garganta.

—Igualmente señora, me iré pronto, ¿no necesita nada más?

Muevo la cabeza en una negatoria, bajo la mirada intentando ocultar las lágrimas que se avecinan y sigo con mi ocupación de cepillado. Por lo que ella no dice más y sale de la habitación dejándome sola...

«De nuevo sola».

En cuanto cierra la puerta, mi vista se nubla y más gotas saladas bañan mis mejillas al mirar el alrededor. No hay nada que me haga sentir en un hogar... La luz de la lamparita de noche es lo único que mantiene a raya la oscuridad; una pequeña luz, en un espacio tan grande que parece absorber todo tipo de calidez y congelar hasta el alma. El minimalismo está en las paredes, los escasos muebles, los colores sobrios y en el vacío... Este lugar está tan vacío como mi interior en estos momentos.

«Sin ellos este lugar es un infierno».

Dejo el cepillo en su lugar y me levanto con la intención de irme a dormir, pero cuando miro esa cama grande en todo lo que pienso es que no quiero acostarme allí sola... Me quedo parada sintiendo que sería como dormir sobre un colchón de hielo y arroparse con nieve.

«No debí casarme con ellos».

Todo era hermoso antes del matrimonio, no había tantas escenas de celos y aunque había discusiones nunca me habían hecho algo como esto.

—Nam... —susurro con mi voz quebrada y tomo mi celular de la mesita para buscar su número.

«Te necesito».

De todos, él siempre me defendía, siempre estaba de mi lado y en cada problema tenía la certeza de que podía contar con su apoyo...

«Pero ahora no tengo ni siquiera eso».

MIS SIETE SECRETOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora