49: La mejor

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    Me envuelve en un fuerte abrazo por la espalda que me transmite mucho cariño y ternura, mientras le tomo las manos correspondiendo y miro nuestros reflejos en el espejo. Lisa sonríe y su mirada conecta con la mía a través de dicho reflejo, eso me hace tener presente que las cosas siempre han sido así con ella...

    «Es dulce».

    —¿No me digas que tienes vergüenza? —inquiere sorprendida.

    Trago grueso.

    —N-No es eso...

    —¿Ya olvidaste como nos ayudábamos a vestirnos luego de bailar? —pregunta sonriente.

    Me echo a reír y niego con la cabeza.

    —Eso nunca...

    «En realidad sí lo olvide».

    Por lo que me siento estúpida ante estos nervios e incomodidad, pues tiempo atrás cuando las demás y ella entrenaban con mi maestra hubo ocasiones en las que incluso compartíamos las duchas. Era algo inevitable debido a que en sus tiempos libres hacíamos competencias de baile. Y luego todas terminábamos en los vestidores luego de ducharnos, por lo que vernos con poca ropa o sin ella era bastante normal y en lo absoluto vergonzoso. Pues todo se resumía en risas y diversión, ya que algunas veces hacíamos bromas.

    —¿Entonces que paso? ¿Por qué te pones así? —pregunta dirigiéndome una mirada confusa.

    «Por estúpida mal pensada».

    —P-Por nada es solo que pensé que lo habías olvidado y no volvería a pasar —miento forzando mi mejor sonrisa.

    Gruñe.

    —Claro que no lo olvide, así que quítate la camisa y deja que te ayude a ponerte esto como en los viejos tiempos —dice terminando con el abrazo.

    Hago a un lado la vergüenza, intento actuar como en los viejos tiempos y tomo la parte inferior de la camisa con la intención de levantarla, pero en ese instante me volteo y la miro...

    —¿Seguro no tienes algo importante que hacer? Porque no quiero que pierdas el tiempo con esto, puedo hacerlo sola y...

    —No tomara ni dos segundos —interrumpe en un tono cansino y sonríe mirando mi sostén—. Además ya estaba por irme a mi casa, así que al menos dame el gusto de revivir viejos tiempos, ¿sí?

    Sus labios carmesí forman una dulce sonrisa, mientras me mira de esa manera tierna que me quita la facultad de negarme a algo. Por lo que sin más me volteo y me quito la camisa al instante sintiendo la necesidad de cubrir mis pechos con las manos, pues no olvido el lugar en el que estamos...

    «El trabajo».

    No puedo creer que esté haciendo esto aquí, pero mis temores desaparecen en el momento que me enfoco en Lisa. Ella mira mis pechos con los ojos bastante abiertos, abre la boca como si gritara sin voz y aplaude con emoción para luego echarse a reír como una loca.

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