51: Para mí

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En medio de la difícil tarea por recobrar el aliento tomo la botella con agua, la acerco a mi boca con la intención de aliviar el desierto en mi paladar y controlar mi respiración agitada. Apenas el líquido refrescante pasa a través de mi garganta, cierro los ojos y sigo bebiendo largos tragos hasta que pronto consigo saciar mi sed y calmar mi respiración, pues luego de ejecutar los pasos iniciales de la coreografía parece que el cansancio por fin está manifestándose.

No me sorprende, ya que luego de reunirme con algunas personas en la empresa he pasado el resto de las horas poniendo en práctica todas mis ideas, intentando afinar algunos detalles de los pasos creados y organizando otras cosas. Todo es tan fascinante y a la vez entretenido que por momentos siento que en realidad no estoy trabajando, podría hacer esto por días enteros y quizá nunca aburrirme...

Tanto así que ni siquiera me tomado el tiempo para revisar mi celular, comer bien, responder llamadas o mensajes. Nada de eso existe cuando estoy bajo el efecto de la música dejando que mi cuerpo se exprese a su voluntad. Por lo que aprovecho el momentáneo cansancio y saco del maletín mi celular. Una vez enciendo la pantalla me quedo perpleja mirando que es de noche y además es un poco tarde.

«Debería poner una alarma para recordar cuando dejar de trabajar».

En ese caso también tendré que ponerme un chip que me haga obedecer dicha alarma, por lo que maldigo para a mis adentros mirando la cantidad de mensajes y llamadas perdidas que tengo de parte de mis esposos. Eso me recuerda que siguen pensando que tengo el tiempo libre como maestra de baile.

«Si tan solo supieran».

-No puede ser...

«Hobi y Suga también me llamaron».

Libero una maldición, respiro con fuerza y apago el sonido de la música en el intento de ordenar mi mente y pensar en lo que voy a hacer... Cada vez que miro sus llamadas perdidas la culpa me invade, pues no puedo olvidar que tengo cosas pendientes con ambos: uno está lejos esperando recibir siquiera un saludo de mi parte y el otro quizá está buscando una manera de arreglar nuestra situación.

«Era contestarles o enfocarme en el trabajo».

Una oportunidad grande implica una responsabilidad del mismo tamaño, por lo que alejo los remordimientos de consciencia. Este día me excedí un poco con el trabajo, pero también tengo presente que de lo contrario no tendría estos progresos y por lo tanto estaría al borde de un ataque de nervios.

«Llamaré a Suga».

Me apresuro a llamarlo y termino con la llamada al escuchar la voz de la operadora, así que vuelvo a llamarlo, pero de nuevo no me responde...

-Debe estar ocupado -murmuro para mí misma y vuelvo a ver mi celular.

«Hobi».

Entro en el contacto de su número bajo la tentación de llamarlo ahora mismo, pero mi dedo pulgar se congela sobre el icono de llamada y recuerdo algunas cosas que pensé por la mañana.

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