46: ¿No me quieres?

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Los chicos se fueron desde hace un largo rato y por suerte el resto de la charla se centró en cosas sobre la coreografía y el tema que lanzara Hyunjin, por lo que no tuve la necesidad de dejarles en claro mi situación sentimental... Y una parte de mí se llena de alivio, pues sé que no me sentiré nada cómoda hablando de mi vida sentimental con ellos. Pero si las cosas continúan de esa manera, Hyunjin, será el siguiente al que le deje en claro las cosas.

«Esto es trabajo».

Aunque no puedo negar que me resulta un poco difícil pensar en ponerlos en su lugar, cuando lo único que hacen es llenarme de elogios, hacerme sentir como la mejor en lo que hago y bromear con cosas que para una mujer casada ya no son debidas: pero que no por eso dejan de ser lindas.

«Eso tiene que terminar».

Camino por el pasillo solitario con rumbo hacia los baños, pues he estado tan inmersa en el trabajo que he perdido la noción del tiempo. Y aunque no tengo idea de que hora es estoy segura que debe ser bastante tarde, pues en mi recorrido miro la mayoría de escritorios vacíos y las oficinas a la vista en completa soledad. Pero como siempre encuentro personas, que como yo sé quedan a trabajar, ya sea por voluntad como es mi caso o por obligación.

Entro al baño encontrando el sitio en completa soledad, así que me acerco al lavado y dejo mi celular sobre la encimera y ni siquiera me molesto en revisarlo, pues horas atrás me tome unos segundos para enviar un mensaje al chat grupal de mis esposos avisando que llegare tarde. Pues aún tengo muchas ideas en mente y no me voy a ir sin antes ejecutarlas.

«Extrañaba esto».

En mi trabajo no hay horarios y mis esposos lo saben mejor que nadie, pues para los que aman lo que hacen no tienen una hora fija de inicio y final. Antes de casarme el final de mis jornadas era cuando el sol asomaba en el horizonte y creo que esos tiempos han vuelto.

«Me gusta».

Giro la llave del lavado y coloco mis manos bajo el grifo y me lavo la cara en un intento por librarme de toda soñolencia. Pero en el momento en que tomo una servilleta escucho la vibración de mi celular, le dirijo un rápido vistazo y libero un largo suspiro al mirar de quien se trata...

«Mi rey».

Nada puede ser tan fácil con él y aunque por un segundo dudo en responderle, sé que eso lo preocupara y lo último que quiero es que indague sobre mis motivos para quedarme hasta tarde en el trabajo. Por lo que una vez me seco el rostro tomo el celular y le respondo...

¿Llamaste a Suga? —pregunta con rapidez.

Su pregunta me toma por sorpresa.

—No...

Libera una maldición.

¡Lo sabía...!

—Estoy bien, mi rey, yo también te extraño no te preocupes tanto por mí, en unas horas llegare a nuestro hogar —ironizo fingiendo que no sé qué se encuentra más preocupado por Suga que por mí.

MIS SIETE SECRETOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora