Te casas con uno y también lo haces con sus seis hermanos. Su lema favorito: Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, pero de nadie más... Nadie más puede fijarse en lo que les pertenece.
Prohibida su copia u adaptación.
II PARTE DE LA HISTORIA
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Cuando termino de lavarme las manos volteo a ver las cosas sobre la isleta. No puedo negar que el exquisito olor que despide ese pollo coreano, con la ensalada verde y las salsas que lo acompañan, me hace casi babear. Estoy muriendo de hambre, mi estómago ruge exigiéndome saciarlo con esa exquisitez que fue obra de Jin, pues él se encargó de hacer la mayoría de cosas para evitar que provocara un incendio en la cocina.
Una vez la comida se encuentra preparada y servida me apresuro a tomar mi plato y lo coloco sobre una bandeja, pues tengo la suerte de que todo se sirviera de manera individual. Por lo que miro que mi dulce esposo se lava las manos y antes de que se acerque tomo la bandeja y me encamino hacia el comedor de la cocina haciendo que me mire curioso...
—En realidad quiero comer aquí —digo dejando las cosas sobre la mesa.
—Está bien —acepta secando sus manos con una toalla, para luego tomar sus cosas con la intención de sentarse conmigo.
Me quedó parada y miro dudosa mi plato.
—No, creo que mejor comeré en el otro comedor —digo levantando la bandeja con comida.
Hago un esfuerzo descomunal para no reírme ante su expresión confundida y sin más camino hacia el comedor principal, sintiéndome observada en todo momento. Por un segundo quiero parar con mi venganza infantil y acercarme a él para besarlo y hacerle saber que quiero tenerlo cerca... Pero no lo hago y sigo con mi juego de evitarlo, dejo mis cosas sobre la mesa del comedor principal y pronto escucho sus pasos a mis espaldas.
—Está bien, entonces comeremos aquí —avisa dejando su plato y la botella de vino sobre la mesa.
No le digo nada y me quedo parada mirando las cosas.
—Uhm... Creo que me sentiré más cómoda en la sala —digo indecisa y sin más tomo mi bandeja con comida, al igual que una adolescente inmadura en plena cafetería escolar.
No me quedo a esperar una respuesta de su parte, camino en dirección a la puerta que lleva a la sala y aunque en ningún momento miro su expresión, sé que luce serio. No le agrada en lo absoluto lo que estoy haciendo. Pero no dice nada, así que salgo sin problemas de ese lugar dejándolo sólo y una vez llego a la sala me acomodo. Dejo la bandeja con comida sobre la mesita de centro y me siento en el sofá pronto mirando que él se acerca con una expresión poco amigable.
«Esto es tan malvado, como sacar a alguien de un grupo sin siquiera avisar».
Tengo que apretar los labios para mantener encerradas mis ganas de reír, al mirar que deja también sus cosas sobre la mesita. Pero antes de que mis manos siquiera toquen la bandeja con comida, él se adelanta y la toma con rapidez mirándome divertidamente expectante, como si esperara que repita las acciones anteriores de irme.